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Sí a la dedicación exclusiva

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Una exigencia lógica para cualquier empresa pública de serviciosSí a la dedicación exclusiva 

MANUEL MATALLANAS Y CARLOS PONTE ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA DE ASTURIAS

 En estos últimos días, y de manera insistente, la dedicación de los médicos al sistema público de salud se ha convertido en un nuevo caballo de batalla del debate sanitario. Las filtraciones a la prensa sobre una posible supresión de su obligatoriedad parece un globo sonda auspiciado por los actuales responsables sanitarios, pese a que no se hayan pronunciado directamente al respecto. Sin embargo, las reacciones desde el PP, Sindicato médico SIMPA, Colegio de Médicos y algunos miembros de FAC del colectivo implicado muestran con claridad que el debate se ha planteado de una manera asimétrica, decantado hacia los favorables a compatibilizar un puesto en el sistema sanitario público con una consulta privada, aunque se definan algunos como partidarios de la dedicación exclusiva.

 

Desde el punto de vista de los defensores de la sanidad pública, especialmente en su sostenibilidad y calidad, la visión no puede ser más opuesta. Creemos que la dedicación exclusiva de los profesionales es una necesidad lógica para cualquier administración o empresa pública de servicios; tanto, al menos, como lo determinan las normas de todas las empresas para con sus profesionales más cualificados.

 

¿Es la medicina una profesión liberal? La profesión médica, como la abogacía, la arquitectura... y todas las demás, no es liberal ni social (asalariada) en sí misma, no es una característica académica, formal o de la naturaleza de su formación. Todas las profesiones pueden ser liberales, como ocurre con cualquier autónomo, y ser retribuidos en cada uno de sus actos por los usuarios de sus servicios; pero también pueden ser asalariados, retribuidos desde cualquier empresa o Administración.

 

Por lo tanto, la afirmación conceptual que sirve de base para defender esa postura es errónea. Es cierto que en épocas pasadas -lo que sigue ocurriendo en algunos países-, cuando no existían los sistemas públicos sanitarios, la única actividad médica era liberal. Pero la situación fue cambiando con la integración de los profesionales en la estructura de los servicios públicos. Es más, gracias al reconocimiento de la atención a la salud como un derecho, los servicios sanitarios públicos se desarrollaron para permitir la cobertura igualitaria de toda la población, mejorando sustancialmente la calidad de la asistencia y de la formación de los propios profesionales. ¿Acaso no ha supuesto el sistema MIR la mejora global de la formación de los médicos en nuestro país?

 

Conviene recordar, por lo tanto, que la formación de todos los médicos en nuestro país se realiza en organismos públicos, soportados por los Presupuestos Generales del Estado y cuyos accionistas y propietarios son todos los ciudadanos. ¿No es lógico que, ante esta inversión económica de todos, se intente garantizar que esa formación revierta en el beneficio social de la atención a la salud de la población?

 

¿Por qué la dedicación exclusiva? Porque, aunque algunos se escandalicen, es lo que ocurre normalmente en todas las empresas e instituciones respecto de sus profesionales más cualificados. ¿Alguien se imagina al interventor de una sucursal bancaria trabajando en otro banco de la competencia por las tardes? ¿Es posible que los programadores de Microsoft trabajen también en Mac? Los médicos constituyen el personal más cualificado del sistema sanitario y sus decisiones gestionan directamente más del 75% del gasto, por ello es de perogrullo que el sistema, que somos todos, quiera tenerlos en exclusividad.

 

Por si lo anterior no fuera suficiente, hay otras razones al menos tan importantes. Con una frivolidad que retrata a quien lo dice, se ha afirmado que la exclusividad sólo sirve para que los médicos «jueguen al golf por las tardes». Es cierto que tener la dedicación exclusiva por sí mismo no garantiza un mayor rendimiento, pero no tenerla lo garantiza aun menos. Rendir como es exigible en la jornada normal (más guardias, más actividades especiales, etcétera) impide hacerlo en otro frente con el máximo rendimiento, lo que, sin ninguna duda, lleva a priorizar el esfuerzo en la consulta privada, donde el profesional ha arriesgado su dinero. Es absurda la calificación de «actividades en tiempo libre», afirmación que minimiza y desprecia sin ningún rubor la complejidad del acto médico, reducido a la categoría de hobby.

 

Cuando se afirma sin recato que «en la privada están los médicos más prestigiosos», quizás se confunde prestigio con fama, ser conocidos con ser competentes o desconsiderar que la gran mayoría de los profesionales que compatibilizan actividad pública y privada han llegado a esta ultima tras desarrollarse profesionalmente en la sanidad pública. Claro que hay médicos prestigiosos en la sanidad privada, entre ellos, los que han optado por dedicarse exclusivamente a ella, abandonado la sanidad pública, huyendo de cualquier duda acerca de la utilización de la sanidad pública desde la privada como, sin embargo, se da en bastantes casos en las que estas actividades se compatibilizan.

 

La exclusividad no se remunera por estar un minuto o diez horas más, la exclusividad pretende garantizar que la falta de otra actividad permita dedicar horas al estudio y la actualización profesional, vitales para nuestra profesión y, desde esta condición de dedicación exclusiva, articular las medidas necesarias para incentivar positiva y negativamente a los profesionales, valorando mejor a los que lo hagan mejor.

 

¿Debe ser obligatoria? El empleador tiene derecho a poner las características con las que oferta un empleo y, si son legales, ejecutarlas. En este caso, el Principado, como otras comunidades autónomas (Canarias no parece que sea «una comunidad socialista de línea dura»), busca lo mejor para su servicio sanitario como hacen TODAS las empresas con sus profesionales más cualificados, y por ello busca lo mejor para los accionistas y propietarios del sistema, que en este caso son los ciudadanos.

 

En fin, en este debate, como en todos, conviene aportar argumentos huyendo de pintorescas afirmaciones como «En la libertad de los médicos está precisamente el enriquecimiento de la sociedad», «Se coarta la libertad de los médicos». La primera, sencillamente, no se entiende; y en cuanto a la otra, creo que los médicos son libres de elegir si trabajan o no en el sistema o se dedican a su actividad privada. Somos libres de optar, pero no somos diferentes de otros profesionales que pueden trabajar por cuenta propia, para el Estado o para cualquier empresa.

 

Bueno sería que la nueva Administración centrara sus esfuerzos en mejorar la equidad, eficacia y eficiencia del Servicio de Salud, así como que sus servicios de inspección garantizaran el cumplimiento de las normas vigentes, tal como ordena la todavía actual ley General de Sanidad, todo ello en beneficio de todos los ciudadanos.

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