Blogia
El Blog que te da toda la información para que tu decidas ...

¿Es capaz de amputarse a sí mismo sin anestesia?

20111103082758-03.11.2011-7389903.jpg

 

 

Lecciones del referéndum sobre el rescate de Grecia        

 Lne.es » Opinión  XAVIER DOMÈNECH

Imagine usted que le preguntan: «¿Está de acuerdo con que despidan a la mitad de los empleados públicos, rebajen drásticamente el sueldo de los restantes, recorten la pensión de los jubilados, hagan una escabechina con las prestaciones sociales y suban los impuestos un montón, todo ello con el objetivo de que los bancos extranjeros le perdonen al Estado la mitad de la deuda?». Ante tal planteamiento, ¿cuál cree usted que sería su respuesta? Pues esto, aproximadamente, es lo que Yorgos Papandreu les quiere preguntar a los ciudadanos griegos en referéndum. La probabilidad de que respondan algo así como «que paguen los banqueros» o «que pague la Merkel» es lo bastante elevada como para que el anuncio haya disparado todas las alarmas y haya destruido en un minuto el clima de esperanza que se había logrado la semana pasada en la cumbre del euro en Bruselas.

 

La reacción positiva de las bolsas a los acuerdos de aquella cumbre da cuenta de la gravedad de la situación: los inversores se pusieron muy contentos al saber que Grecia solo iba a pagar la mitad de su deuda. Y si el anuncio de Papandreu hundió los mercados fue porque reintroducía la amenaza de la quiebra total y desordenada: sálvese quien pueda. Sin embargo, esa es hoy una hipótesis con altos visos de probabilidad. La pregunta ya no es «¿qué haríamos?», sino «¿qué vamos a hacer?». Europa pende de una decisión que Papandreu ha decidido considerar lo bastante grave para que sea adoptada por la soberanía popular.

 

No es lo habitual. Las decisiones impopulares no se someten a referéndum. Puede discutirse su corrección democrática, pero esta es la práctica establecida. No se convoca a los ciudadanos para acordar subidas de impuestos y rebajas de pensiones. El contrato tácito entre gobernantes y gobernados incluye una cláusula por la cual los primeros tienen la obligación de quemarse como teas cuando así convenga, asumiendo la impopularidad de causar el dolor necesario. Solo unos pocos seres excepcionales son capaces de ejecutar una amputación sobre su propio cuerpo sin anestesia; para el resto, el cirujano es indispensable para evitar la gangrena. Y encima, queremos que el cirujano nos engañe y nos diga que eso que supura y que huele tan mal se cura con aspirinas. Vean, si no, el discurso de los principales candidatos a las elecciones españolas. Deberían decirnos aquello de «sangre, sudor y lágrimas», pero no lo van a hacer hasta después, cuando simulen haber descubierto, asombrados, que las cosas estaban mucho peor de lo que creían.

0 comentarios