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Navia-Osorio atribuye las críticas a la reforma de la Lila a que afecta a su mujer

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El Consejero tacha de indecente al PP por involucrar a su esposa en el debate sobre el sueldo de los médicos del ambulatorio ovetense

Foto: José María Navia-Osorio se dirige al diputado Carlos Galcerán: «Creo que la decencia política tiene unos límites y acabamos de ver cómo se traspasan». nacho orejas

Lne.es » Sociedad   Oviedo, Pablo ÁLVAREZ

«Entre nosotros hay mileuristas»

-Carlos GALCERÁN: «Después de escuchar sus argumentos, este grupo parlamentario tiene muy claro que el motivo de la medida que ha tomado es que uno de los especialistas del ambulatorio de La Lila es su mujer. Si no quiere que nadie se entere, no lo haga, señor consejero».

 

-José María NAVIA-OSORIO: «Por alusiones. Yo creo que la decencia política tiene unos límites y acabamos de ver cómo se traspasan esos límites».

 

-Carlos GALCERÁN: «Tiene razón. Él ha traspasado los límites».

 

Este tenso cara a cara entre el consejero de Sanidad del Principado, José María Navia-Osorio, y el diputado del Partido Popular Carlos Galcerán, tuvo ayer como escenario el pleno de la Junta General del Principado, y como objeto la organización del trabajo de 40 médicos «de cupo» del ambulatorio ovetense de La Lila. El término cupo hace referencia a que su tarea consiste en atender a un determinado «cupo» de pacientes.

 

El anterior Gobierno introdujo un cambio organizativo en virtud del cual se les redujo el número de pacientes, y también el salario en una media de 600 euros mensuales. El actual Ejecutivo considera que esa medida produjo más perjuicios que beneficios, y ha elaborado un cambio del cambio que, según el consejero, está pendiente del visto bueno de la junta técnico-asistencial del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

 

En los días previos, la controversia técnica y política se vio salpicada de argumentos más personales. El más elocuente fue pronunciado por el propio Galcerán, quien el pasado 30 de noviembre declaró a este periódico: «No quisiéramos pensar que esta actuación del Consejero [el citado cambio del cambio organizativo] tenga que ver con el hecho de que una de las especialistas de cupo sea su mujer, según se comenta estos días en el entorno del Sespa».

 

Ayer, con el debate ya trasladado al Parlamento por iniciativa del PSOE y del PP -que solicitaron que Navia-Osorio explicara las razones de su postura-, el consejero optó por andarse sin rodeos, y comenzó aludiendo directamente a las supuestas motivaciones personales y a la citada declaración de Galcerán a LA NUEVA ESPAÑA. «Esta interpelación -arrancó Navia-Osorio- es un buen ejemplo de cómo bajo la supuesta buena intención de controlar al Gobierno y denunciar una presunta irregularidad lo que se pretende en realidad es dañar el buen nombre de este consejero». Acto seguido, fue glosando la mencionada cita de Galcerán, a la que tachó de «ejercicio de estigmatización inconcebible».

 

La intervención del titular de Sanidad concluyó con el rifi-rafe que abre estas líneas, pero antes el consejero había explicado las claves de la situación en un discurso en el que no se mordió demasiado la lengua. Por ejemplo, aludió, sin nombrarla, a LA NUEVA ESPAÑA, que ha sacado a la luz la reforma organizativa que impulsa el Gobierno de Francisco Álvarez-Cascos y que ha desvelado que, antes del cambio inicial, había médicos que cobraban hasta 7.500 euros mensuales por una jornada laboral de dos horas y media diarias: «En su práctica demagógica habitual, cierto periódico ha intentado demonizar a un colectivo profesional excitando la envidia de sus cada vez más reducidos lectores». Y concretó aún más: «Hay algún periodista que es maestro en estos trucos».

 

En referencia a los salarios, Navia-Osorio afirmó que «se han publicado algunos de estos sueldos, se han resaltado algunos de una cuantía sorprendente por su magnitud y se han ocultado los más bajos». Sin embargo, acto seguido, y tras lamentar que «estos datos salariales personales hayan sido hecho públicos sin autorización de los médicos afectados», indicó que la cifra de 7.000 euros mensuales «se había quedado corta», pues hay un médico que «había alcanzado los 8.000 y hasta los 9.000 euros en algún caso». El consejero aclaró que estaba hablando de un especialista que «compaginaba la atención de sus cupos de pacientes con la atención de hasta 15 guardias mensuales en el Hospital Monte Naranco. Y todo ello con el visto bueno del anterior equipo gerencial». Y prosiguió señalando que, «curiosamente, estas situaciones tan llamativas no se modificaron con la reasignacion de cupos de la gerencia anterior». Parafraseando a Galcerán, el titular de Sanidad ironizó: «No querría pensar que estos sueldos de ese médico tuvieran relación con el hecho de que el mencionado especialista perteneciera a un determinado sindicato».

 

Ya metido en la harina de realizar nuevas revelaciones, Navia-Osorio hizo pública una conversación suya con el ex responsable del HUCA, Mario González. La formuló como pregunta: «¿Por qué razón el anterior gerente del HUCA advirtió al actual consejero, en el mes de julio, cuando supo que iba a ser cesado, sobre, entre comillas, el rumor que había en el hospital de que el cese del equipo directivo era una venganza del consejero por haber modificado los mencionados cupos?».

 

El titular de Sanidad negó cualquier vinculación con las medidas adoptadas: «El consejero no ha participado en esta modificación de cupos, y si ha llegado a conocerla ha sido sólo para atender a esta interpelación». Navia-Osorio admitió que el cambio introducido por el anterior Gobierno implicaba un ahorro anual de unos 300.000 euros, pero hizo énfasis en que este ahorro «tiene sus contrapartidas». Y citó el «importante» aumento de la lista de espera en cardiología, otorrino, digestivo y oftalmología en el HUCA, centro al que han sido enviados los pacientes quitados a los médicos de cupo. Según el consejero, si en La Lila las demoras se mueven en el entorno de los 4-8 días, en el HUCA son de 80-105 días. Los actuales responsables sanitarios estiman que restar pacientes al ambulatorio «supone la infrautilización» de un colectivo de médicos que «posee una gran experiencia profesional por su antigüedad, lo que hace que acumule menos lista de espera y solicite menos estudios complementarios para alcanzar un diagnóstico acertado».

 

Navia-Osorio explicó que una de las claves de los sueldos altos radica en que los médicos de cupo con plaza fija -no los interinos- cuentan en su nómina con un concepto de antigüedad peculiar, pues en virtud del mismo «cobran por cada tres años de trabajo un complemento que equivale al 10 por ciento del sueldo. Como la mayoría lleva más de 30 años prestando servicios, la mayoría supera los diez trienos». Los interinos tampoco perciben el plus de carrera profesional. La figura del médico de cupo desaparecerá a la vuelta de «unos diez años, con la jubilación del más joven de sus integrantes».

 

Como resumen, el consejero indicó: « Hay trabajadores públicos que cobran unos sueldos mejores que otros. Pero han accedido a estos puestos de trabajo tras estudiar una carrera, hacer una especialidad y aprobar una oposición abierta a cualquiera que cumpliera los requisitos». Y abundó: «Este consejero no hace ninguna valoración sobre la cuantía de los salarios de este colectivo profesional, al igual que no las hace sobre los salarios de ningún funcionario público que desempeña una plaza obtenida en concurso-oposición».

 

Pilar Alonso, diputada del PSOE, hizo hincapié en que la reducción de los cupos de pacientes arbitrada por el anterior equipo de la Consejería buscaba «ajustar la situación a la normativa vigente». «Si no se cumple la normativa se incurre en prevaricación», señaló la diputada, quien no vio respondida su pregunta sobre «la situación de la última modificación de plantilla que convertía once plazas de médicos de cupo en plazas de facultativos de área, un expediente al que sólo le faltaba que lo aprobara el Consejo de Gobierno».

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