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OPINION

La situación de la clase trabajadora en España

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Vicenç Navarro

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

 El Instituto de Política Económica (The Economic Policy Institute) de EEUU es uno de los centros de análisis económicos más rigurosos existentes en aquel país. Sus informes tienen gran impacto en el establishment político del gobierno federal. Y sus trabajos tienen gran resonancia en los mayores medios de información estadounidenses. Publica cada dos años el informe The State of Working America, en el que analiza la situación de la población trabajadora en EEUU. Es, sin lugar a dudas, el estudio más elaborado y detallado del mercado laboral así como de las condiciones del trabajo en EEUU...(leer mäs)

Gallardón: “Gobernar consiste en repartir dolor...” y pingües beneficios para los de casa, le añadimos, no sea que en algún momento se les olvide.

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Los gobiernos del dolor

Por Marcos Roitman Rosenmann – Consejo Científico de ATTAC España.

La capacidad para adjetivar las políticas de recortes antisociales y antidemocráticos no tiene límite. Tampoco el cinismo y la hipocresía con que actúa la clase política gobernante. Mariano Rajoy, presidente del gobierno; María Cospedal, pluriempleada, secretaria general del Partido Popular y presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha, y Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, se emplean a fondo. Hablan de dolor a la hora de aplicar las políticas de ajuste presupuestario. Para ejemplarizar cuál es su estado de ánimo, Gallardón ha puesto de moda una frase que está en boca de muchos ministros y de Rajoy: Gobernar consiste en repartir dolor. Pero en la repartición hay quienes lo infringen y administran y otros que lo reciben y padecen. En esta crisis las decisiones no afectan por igual a unos y otros. Torturador y torturado no son lo mismo. Pensar en el sufrimiento y el dolor ajeno para quienes se benefician del mismo no deja de ser un comportamiento rayano en la enfermedad patológica. Ellos sienten el dolor ajeno, aunque no hacen nada para remediarlo. Gracias a sus lumbreras, la vida cotidiana en España se llena de dolor. Veamos.

Los bancos de alimentos se han convertido en alternativa para miles de familias en paro. Sin ingresos estables ni prestaciones sociales, ni tarjeta sanitaria, con hijos en edad escolar, sin becas ni ayudas, acuden a ellos para recibir una cuota de alimentos para sobrevivir. Pasta, leche, huevos, azúcar, arroz, galletas y alguno que otro enlatado. También se aprovisionan de artículos de limpieza y aseo personal. No pierden la dignidad y salen adelante. Asimismo, las campañas navideñas de organizaciones no gubernamentales (ONG), caracterizadas por ubicar sus objetivos solidarios en África, Asia o América Latina, hoy demandan alimentos para bancos y comedores sociales en España. Sus peticiones dejan al descubierto la desarticulación del estado de bienestar. La brecha entre ricos y pobres se profundiza. España se torna dual. Las diferencias sociales se hacen visibles. Imágenes de la posguerra civil, en los años 40, con cartillas de racionamiento, hambre y pobreza vuelven a estar presentes. Se trata de gente pidiendo en las calles, semáforos, el Metro, durmiendo entre cartones, yendo de casa en casa solicitando algún producto para alimentar a la familia o trabajo. Ya no son vagabundos o marginales. Son trabajadores desahuciados, despedidos de su trabajos que viven en coches con su prole y no reciben prestaciones. Vuelve la España dual, excluyente, caciquil y oligárquica.

La ilusión de una sociedad moderna se difumina. La Constitución es papel mojado. Ni social ni democrática ni de derecho. Las pensiones se congelan, la educación se torna confesional. Se impone la asignatura de religión católica en los colegios públicos. La vivienda es un lujo al alcance de pocos. Pero los bancos mantienen cerradas más de medio millón de viviendas. La justicia sigue el mismo camino, los ciudadanos, por recurrir sentencias o acudir a los tribunales, deberán pagar elevadas tasas. Se elimina el concepto de justicia redistributiva y garantista. Sólo tendrán justicia quienes tengan dinero. El turno de oficio se restringe. La sanidad se entrega a empresas cuyo fin consiste en obtener ganancias. Ninguno de los beneficiarios de las privatizaciones de hospitales y centros de salud pertenecen a la esfera sanitaria. Son empresas afincadas en la construcción, corresponsables de la burbuja inmobiliaria. Ahora, en medio de la crisis, trasladan su codicia a la sanidad. La salud, si se privatiza, se convierte en un buen negocio para especuladores sin escrúpulos. Los beneficiaros son conocidos. Dragados y Contratas, Sacyr, Acciona, Hispania o FCC. Pertenecen a bancos como BBVA, BSCH y similares. Así administran dolor.

Mientras se pone a la venta el sistema sanitario, la justicia, la educación, las compañías aéreas, las universidades, los aeropuertos e infraestructuras, algo inédito comienza a extenderse por Europa. Familias noruegas, danesas y suecas inician un plan de apadrinar familias españolas en situación de exclusión. Son decenas los beneficiarios. Les pagan el alquiler de la vivienda y les mandan dinero para hacer frente a la educación de sus hijos.

En otras esferas el problema es similar. Los fondos para investigar se han reducido 75 por ciento, con el consiguiente cierre de laboratorios y líneas de investigación. Trabajos pioneros sobre sida, cáncer, genoma humano, etcétera, se tiran a la basura. Se disuelven equipos interdisciplinarios y los profesionales desilusionados, con sueldos de miseria, abandonan por impotencia. En los años 80 muchos de ellos, con carreras prometedoras en el extranjero, regresaron bajo el compromiso de obtener contratos y una inversión amplia en I+D. Se sienten engañados. La fuga de cerebros se generaliza en todas las disciplinas. Física, química, ingeniería, medicina, ciencias ambientales, nuevas tecnologías, etcétera. Muchos de ellos hacen maletas. La juventud, sin futuro, busca fuera una opción de vida digna. No importa en qué ni cómo. Pero la ministra de Trabajo lo interpreta como resultado del espíritu de aventura y afán de conocimiento de una juventud llena de vida.

Los trabajadores han sido las víctimas propicias de esta política de repartir dolor. Los empresarios acumulan, reciben beneficios, se dan la gran vida, pero exigen austeridad y moderación salarial. El despido libre se generaliza. La reforma laboral, desde su aplicación, ha visto aumentar las cifras de paro en más de medio millón de personas. Suma y sigue. La criminalización de las protestas da un salto cualitativo. La policía tiene orden de tomar datos a manifestantes y pasarlos al Ministerio de Interior. De manera aleatoria se pide la documentación y en una o dos semanas reciben una multa de entre 300 y 500 euros por disturbios o resistencia a la autoridad.

La avalancha de estudiantes, maestros, médicos, enfermeras, jueces, fiscales, abogados, pensionistas, minusválidos, jornaleros, obreros, funcionarios, bomberos, asociaciones de vecinos, amas de casa, consumidores y parados crece y se extiende. Políticos mediocres, agazapados en un discurso ramplón, recurren al argumento de la fuerza. Reprimen. La policía, local o nacional, toma las calles de ciudades y pueblos. Intimidan, increpan, disparan balines de goma, bombas de humo y a los detenidos los maltratan y torturan. Los grupos especiales antidisturbios no llevan identificación a la vista, aspecto obligatorio. El gobierno los protege, archiva las causas en caso de acusaciones o los indulta directamente si son condenados por la justicia. Esa es la forma de administrar dolor. En otras palabras: el que parte y reparte se lleva la mejor parte. Unos nacen para mandar y otros para obedecer. El señor sea con nosotros. Amén.

Sencilla y apropiada reflexión sobre el papel de los empresarios y sus dirigentes patronales en nuestra sociedad…

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A la patronal se le ve el plumero

Por Juan Torres, Consejo Científico de ATTAC España

La detención del anterior presidente de la patronal española, acusado ahora de blanqueo de dinero, alzamiento de bienes e insolvencia punible y tras una larga serie de escándalos empresariales protagonizados incluso bajo su mandato, es un buen motivo para reflexionar sobre el papel que los empresarios y sus dirigentes patronales desempeñan en nuestra sociedad.

En cualquiera que sea el sistema económico con el que uno se identifique (capitalismo, socialismo, comunismo…) la empresa tiene una función esencial. Entendida como la organización que se dedica a la producción de bienes y servicios no tiene sustituto posible en la inmensa mayor parte de los casos que conocemos, bien sea poniéndolos a disposición del mercado, del estado, de la colectividad por cualquier otro medio, o de alguna autoridad central. Es verdad que no es la única forma de obtenerlos pero sí que resulta prácticamente insustituible a poco que los procesos de producción se hagan algo complejos.

Sin embargo, la ignorancia y el papanatismo ideológico que tanto abundan han generado una confusión muy habitual que ha hecho que la empresa, y por ende la figura del empresario (o empresaria, porque creo que cuando se habla de empresas es cada vez más necesario subrayar el papel de las mujeres) sea muy mal comprendida y mucho peor apreciada. Tanto los izquierdistas de salón como los defensores fundamentalistas del capitalismo suelen identificar erróneamente a los empresarios con los capitalistas y más concretamente con el tipo de capitalismo que impera en cada época o en cada economía. Un error manifiesto porque es obvio que puede haber empresas en donde la propiedad no sea la privada o incluso empresas puramente capitalistas en donde los valores o la forma de gestión de los recursos predominantes no esté guiada exclusivamente por la avaricia o el afán de lucro. Una confusión aciaga y que tiene mucha más trascendencia de la que pudiera parecer cuando la difunden personas de gran influencia pública.

Para crear riqueza y empleo y para proporcionar ingresos y satisfacción a los seres humanos son imprescindibles las empresas y puede ocurrir que nada de eso se consiga en la medida necesaria si unos las rechazan porque ven en ellas a su enemigo capitalista y si, al mismo tiempo, otros entienden que lo único que hay que hacer para fomentarlas es fortalecer el capitalismo y, en particular, un tipo de empresa capitalista (jerárquica, social y ambientalmente irresponsable, empobrecedora, o ineficiente por muy rentable que sea) con el que es muy difícil que la inmensa mayoría de la sociedad se sienta identificada.

Lo primero le pasa a muchos sindicalistas y líderes políticos de izquierdas, que no se dan cuenta de que entre los empresarios (por ejemplo los que ahora están realmente al borde del abismo por culpa de los bancos y de las grandes empresas) pueden tener a muchos aliados, o que si se dedicaran a promover la creación de empresas de otro tipo (cooperativas, sociedades laborales, autogestionadas, etc.) avanzarían mucho más aceleradamente hacia la sociedad alternativa a la que aspiran.

Lo segundo es lo que creo que le viene pasando a la patronal española en los últimos años. Ha estado y está dominada por personas cuya trayectoria no ha sido precisamente la que podría servir a la sociedad como referencia de la excelencia, el riesgo y el buen hacer productivo de un empresario ejemplar. Y no me refiero solo a sus presidentes sino a los más de 35.000 liberados (por cierto, casi 8,5 veces más de los que tienen los sindicatos) que mantienen las diferentes organizaciones patronales.

El caso de Gerardo Díaz Ferrán es una muestra paradigmática de ello. Es decir, de que la patronal española refleja a un tipo carpetovetónico de empresario que tiene muy poco que ver con el que de verdad crea riqueza y con el que sería necesario promover para lograr que en nuestro país nos liberásemos alguna vez de la mentalidad dependiente y del terrible “¡que inventen ellos!”.

Ferrán y tantos otros empresarios instalados en la cúpula del poder empresarial, son en realidad buscadores de rentas que defienden el mercado cuando hablan ante los micrófonos pero que solo saben ganar dinero aliándose con la clase política más corrupta y que solo compiten a la hora de dar comisiones. Son los que piden austeridad a los demás pero que inflan las cuentas del Estado cuando se quedan con contratos públicos gracias a los políticos a los que han comprado. Son los que dicen que los servicios públicos son insostenibles mientras se llevan a espuertas el dinero que han ganado a costa de su militancia política a paraísos fiscales para no pagar impuestos.

Los líderes de la patronal que no tienen en la boca propuestas distintas a reducir salarios, como Díaz Ferrán, son en realidad enterradores de empresas y no verdaderos líderes empresariales. Con tal de sacarle las castañas del fuego a las grandes compañías de quienes reciben votos, favores y dinero a mansalva, vienen defendiendo políticas económicas que han arruinado a miles de pequeños y medianos empresarios que son los que realmente crean empleo porque la desigualdad a la que dan lugar arruina sus mercados y destruye sus clientelas.

¿Cuándo hemos oído a un dirigente empresarial español reclamar a sus colegas que hay que investigar más, que hay que ser creativos y producir con calidad, que la asunción del riesgo y la innovación es lo que distingue a una buena empresa y no el número de pelotazos conseguido o el número de despidos, y que no basta con bajar sueldos para ser competitivos?

Los dirigentes de la patronal española están continuamente diciendo que tiene que haber más empresarios y critican que los jóvenes no quieran serlo.

Yo estoy completamente de acuerdo con esa demanda aunque entiendo perfectamente por qué no hay más empresarios y empresarias en España. De hecho, lo hablo a menudo con los jóvenes a quienes enseño en la universidad o con los que trato en otros lugares.

A mi juicio hay dos grandes problemas que lo impiden. El primero es que no hay capital suficiente. Los dirigentes de la patronal olvidan a menudo que para que haya empresarios no basta con que existan herederos. Es imprescindible que haya dinero, aunque no sea lo único que hace triunfar un proyecto empresarial, y eso no es lo que se consigue precisamente con las políticas que defienden. Pero también otro tipo de capital muy importante: social, cultural, relacional, también buena educación, formación adecuada, ingenio en el ambiente social. Y resulta que la política que viene defendiendo la patronal española destruye este capital. Se dedica solo a privilegiar el que ya dispone una ínfima parte de la población o a financiar medios de comunicación y centros de estudio como negocio que adocenan, desmotivan y maleducan. Y, como en estos últimos años, a proporcionar dinero fácil a base de especular y de estafarse unos a otros.

El segundo problema es también determinante. Mientras que los líderes de la patronal se presenten a la sociedad como cancerberos de la derecha, como escuderos de los proyectos políticos más reaccionarios y conservadores, o mientras sean simples delincuentes, como en el caso de Ferrán, mientras a los líderes de la patronal se les vea tanto el plumero político ¿cómo vamos a pedir que haya más empresarios entre todo tipo de jóvenes o entre personas honestas de todas las tendencias?

Artículo publicado en Público.es 

No defienden la sanidad, defiende sus negocios

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El denominado Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS) acaba de publicar en los medios un comunicado, insertado como publicidad, en el que bajo el titulo de “La colaboración público-privada no es sinónimo de privatización de la sanidad” realiza una serie de afirmaciones que son básicamente erróneas.

 Marciano Sánchez Bayle | Portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

nuevatribuna.es | 06 Diciembre 2012 - 18:56 h.

 Se trata de una publicidad  que hace afirmaciones que no son ciertas por lo que habría que  aclarar a la opinión pública lo siguiente:

1) El IDIS no es una entidad independiente, bien al contrario esta financiada por las empresas de asistencia y aseguramiento sanitario, tal y como puede comprobarse al pie del comunicado, y por lo tanto defiende sus intereses, de manera legitima, pero hay que dejar claro que sus afirmaciones se mueven el ámbito de la propaganda y de defensa de sus intereses económicos y comerciales.

2) De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua, privatizar es transferir una empresa o actividad pública al sector privado, por lo que no puede negarse que pasar la gestión o la provisión de la actividad sanitaria de lo público a lo privado sea una privatización.

3) Todas las experiencias en España y a nivel internacional (muy amplia en el Reino Unido) aportan datos de que lo que se llama colaboración público-privada (un eufemismo de privatización) incrementa notablemente los costes de los servicios sanitarios a medio plazo y empeora la calidad de la atención sanitaria (ver OMS, British Medical Journal, etc). También que el sector privado con animo de lucro tiene peores estándares de funcionamiento y calidad que el sector sin animo de lucro (Lancet, New England, JAMA). Por otro lado, las encuestas realizadas por entidades no dependientes ni financiadas por  el sector privado, demuestran que la mayoría de la población ante una enfermedad grave prefiere la atención en un centro público, y que la mayoría de la población prefiere la Sanidad Pública como esta viéndose en Madrid en las movilizaciones y las firmas de apoyo masivo de la ciudadanía contra la privatización.

4) Existe una evidencia contrastable de derivaciones de enfermos complejos y/o que precisan tratamientos costosos de los centros privados a los públicos, el propio comunicado así lo reconoce cuando habla de derivaciones relacionadas “con el nivel de especialización del centro”, ya que como puede constatarse los centros privados se “especializan” en lo que es rentable y por lo tanto trasladan los enfermos con costes mas elevados al sistema sanitario público.

5) Los modelo publico-privados conllevan una disminución del personal sanitario porque como puede comprobarse, los centros privados tienen aproximadamente la mitad de personal (médico, de enfermería, etc) que los centros públicos. Existe también numerosa literatura internacional que relaciona el número de profesionales con la calidad de la atención y la morbilidad y mortalidad.

Hay que diferenciar lo que es opinión fundamentada de lo que es propaganda, y  entender que el IDIS como las empresas sanitarias que lo financian, a la postre, solo defienden sus negocios.

Por Carlos Carnicero en su “Bitácora para náufragos de la izquierda”…

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Nos machacan y además nos insultan

Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, y uno de los empresarios de cabecera de Esperanza Aguirre, acaba de aseverar que la detención (¡Por fin!) de su ex presidente Díaz Ferrán es una “incidencia” que no tiene por qué afectar a la organización de los empresarios españoles.

La indecencia y complicidad impide una declaración rotunda en contra de las prácticas delictivas de este (¿empresario?) que consideraba con un calificativo elogioso a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid (y que no quiero repetir, por vulgar) y que pedía “trabajar más y cobrar menos”. Es buen momento para recordar que Esperanza Aguirre ganó las elecciones gracias a una trama corrupta en la que personajes como los que nos ocupan fueron el factor financiero de esa ocupación de poder.

Los directivos de la sanidad pública se pasan a la privada para gestionar el negocio de la salud. Las respuestas chulescas del consejero de salud de Madrid ante las legítimas protestas de los afectados indican mucho de la calaña de quienes estamos hablando.  Utilizan el hambre como arma en esta guerra en la que los trabajadores pierden mucho dinero en cada jornada de huelga. El miedo y la desesperanza de que se pueden cambiar las cosas hacen que las medidas efectuadas por los gobiernos del PP –y también por el de CiU- tengan carácter de cerco medieval en que las posiciones terminarán de ser tomadas por el hambre.

No se trata solo de brutales recortes para supuestamente salir de la crisis. Hay toda una agenda conservadora que no tiene que ver con la situación económica en la que el ministro de Justicia y el de Educación aprovechan para un brutal giro a la derecha. La nueva ley de interrupción del embarazo, la reforma de las tasas judiciales nos introducen en una democracia censitaria en la que el nivel de ingresos es determinante para poder ejercer los derechos de ciudadanía. Y tantas cosas más.

La única salida es la unidad de todos los afectados, una unidad transversal que alíe a las clases medias con quienes ya están en la pobreza para un estallido social definitivo. Cada uno de los problemas de cada vecino es nuestro problema. Y sólo desde esa posición podremos poner en su sitio a quien se atreve a decir que los ciudadanos se manifiestan por cariño a los centros de saludo o que los jóvenes se van de España por espíritu aventurero. Nos machacan y, además nos insultan.

¿Cuál es el daño para la marca España de un Díaz Ferrán?

Ignacio Escolar

Imaginen, es un suponer, que estuviésemos hablando de un líder sindical, en vez de don Gerardo Díaz Ferrán.

Que hubiese sido el secretario general de CCOO o el de UGT quien escondiese en su casa de Alí Babá lingotes de oro o billetes de 500 euros al por mayor.

Que fuese un representante de los trabajadores, en vez del expresidente de la patronal, quien estuviese acusado de blanquear dinero, de defraudar al fisco… De "alzamiento de bienes", que en román paladín se traduce con un verbo más rotundo: robar.

¿Qué habríamos leído en algunos medios? ¿Qué habríamos escuchado a algunos políticos?

Pista: en España que un sindicalista se tome una caña después de una manifestación  es noticia de portada.

Que un hombre como Gerardo Díaz Ferrán haya sido durante varios años el presidente de los empresarios españoles, su principal representante y portavoz, es una mancha difícil de borrar. Su trayectoria define a la perfección los peores vicios del empresariado español. Es casi su caricatura, su guiñol.

Díaz Ferrán, el liberal, comenzó su fortuna con las privatizaciones de autobuses que decidía el alcalde franquista de Madrid, Arias Navarro, el primo de la madre de su socio. Después, con la democracia, mantuvo el mismo modelo: negocios privados al calor del favor público. Con Felipe, compró Marsans al Estado de rebajas. Con Aznar, se quedó con Aerolíneas Argentinas a un precio inmejorable: un euro. 

Pero su mayor benefactora fue Esperanza Aguirre, otra liberal que, según sus propias palabras, “es cojonuda”. Tan cojonuda que Díaz Ferrán  donó a Fundescam 246.000 euros que después  el PP de Madrid gastó en la campaña electoral de la lideresa en el año del Tamayazo. Fue una de sus inversiones más rentables: la Comunidad de Madrid después  adjudicó a sus empresas 6,4 millones de euros en contratos públicos. Además, se llevó de propina un sillón en el consejo de Caja Madrid, una  caja a la que dejó un pufo de 26,5 millones. Parte de esos créditos se lo gastó en un  exclusivo Ferrari, la última joya de una colección de coches en la que no faltan tampoco los Porsche o los Rolls Royce y que  protegió mediante testaferros para evitar el embargo judicial.

Es el momento ideal para  repasar la hemeroteca y recuperar las grandes frases de Díaz Ferrán: cuando pedía "un paréntesis al libre mercado" (para socializar las pérdidas, claro está); cuando defendía "cobrar menos y trabajar más"; cuando decía "que la mejor empresa pública es la que no existe" (y la mejor, la que le venden a él) o cuando argumentaba que hacía falta "una reforma laboral profunda y global" para "calmar a los mercados", días antes de dejar a sus propios trabajadores sin cobrar. Éste era el empresario modelo. Éste era Díaz Ferrán.

La interesada disminución o aumento de los presupuestos de los hospitales en función del tipo de gestión…

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Los hospitales de Madrid en el proyecto de presupuestos de 2013

Por Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

nuevatribuna.es

El proyecto de presupuestos para 2013 de la Comunidad de Madrid contempla, además de las medidas privatizadoras que están teniendo una gran contestación social y profesional, unos serios recortes presupuestarios que, lógicamente están siendo utilizados para justificar el proceso de privatizaciones que se pretende y para establecer el nuevo copago sobre los medicamentos (el euro por receta).

El marco general de los presupuestos y las tremendas agresiones que supone al sistema sanitario público de Madrid han hecho que el foco de atención se centre en lo general y menos en lo concreto, pero merece la pena resaltar algunos hechos significativos del proyecto de presupuestos en lo que se refiere a la atención hospitalaria.

En primer lugar se produce una disminución global de los presupuestos destinados a los hospitales, el total de estos (incluyendo centros de gestión pública tradicional, semiprivados y centros privados financiados con dinero público sufren un recorte de 787,75 millones de euros respecto a los presupuestos aprobados para 2012, un 17,10%.

Esta disminución no se produce de forma homogénea sino que se realiza de manera bien distinta según el tipo de gestión de los centros: los del modelo tradicional tienen una disminución presupuestaria promedio del 16,19%, los de gestión semiprivada del 28,66%, mientras que los centros privados tienen un aumento del 4% de promedio.

La situación de los centros del modelo tradicional es claramente preocupante porque sufrieron ya una disminución presupuestaria del 9,5% en 2011 a lo que se sumo otra disminución del 1,5% en 2012. El nuevo recorte que se quiere realizar ahora llevara a un deterioro muy importante de estos centros que en este momento, y más aún si las privatizaciones previstas se realizan, son la garantía de la atención sanitaria de calidad de la población madrileña.

Los centros semiprivados (los del modelo PFI) sufren un recorte brutal, con la excepción de Puerta de Hierro, el único que no esta previsto privatizar totalmente (que “solo” tiene un recorte previsto del 10% del presupuesto), los demás se sitúan en cifras entre el 28 y el 29% de recorte, recorte que es la parte sanitaria, la gestionada por la Comunidad, pero no en el canon que se paga a las UTEs que los construyeron que se mantiene e incluso se incrementa de acuerdo con el IPC. Es obvio que se los quiere descapitalizar y colocarlos en números rojos a partir de junio fecha prevista para su total privatización y que también se quiere con estos presupuestos facilitar los EREs en unas empresas que superan con creces el 10% de disminución presupuestaria que la nueva legislación establece para ponerlos en marcha.

Los centros privados son los que salen mejor parados, porque se les aumenta globalmente el presupuesto. Merece la pena comentar como se produce esta asimetría presupuestaria, descapitalizar lo público mientras se incrementan los recursos de lo privado en algunos casos concretos de centros situados en la misma zona de influencia, así el hospital de Torrejón, ahora de Sanitas BUPA (antes de Ribera Salud) tiene un aumento presupuestario del 5% mientras el hospital público de Alcalá sufre un recorte del 24%, y el nuevo hospital de Mostotes (CAPIO) recibe un aumento presupuestario del 12% mientras el antiguo hospital público de Mostotes ve disminuir sus recursos en el 21%.

Estamos pues ante un ejemplo mas de cómo se hacen unos presupuestos para fomentar las empresas privadas a costa de los centros públicos y como se apuesta de manera decidida por el deterioro sistemático de la Sanidad Pública para hacer espacio al sector privado. Por suerte esta estrategia esta quedando al descubierto así como el rechazo masivo de profesionales y ciudadanos, hay que conseguir la retirada de estos presupuestos antisociales que pretende acabar con el mejor sistema sanitario que hemos tenido en el país.

Clarito, clarito…

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Por qué privatizar hospitales es una mala idea: siete claves

Por Ignacio Escolar en ElDiario.es

1. Conviene solucionar los problemas reales, no los imaginarios. Y la sanidad pública en España, frente al extendido tópico, no es insostenible, ineficaz ni cara. Al contrario, es de las más baratas y eficientes del mundo. Somos uno de los países que menos porcentaje de renta destina a su sistema público de salud: el 6,25% del PIB, unos 1.500 euros al año por persona. Con ese presupuesto, el Estado da una cobertura casi universal, muy superior a la de la mayoría de países de nuestro entorno. Gastamos menos que el resto de Europa, pero muchos europeos se vienen a España a operar. Por algo será.

2. El modelo privatizador que ha puesto en marcha la Comunidad de Madrid consiste en subcontratar la gestión de seis hospitales y 27 centros de salud públicos a empresas privadas. Estas compañías se ocuparán del servicio y, a cambio, la Comunidad de Madrid pagará todas las facturas con un canon anual. La sanidad, al menos por ahora, seguirá siendo gratuita para el ciudadano, pero el hospital quedará en manos privadas con contratos a los que después será difícil dar marcha atrás.

3. Por descontado, estas empresas no son ONGs. Pretenden ganar dinero, así que al coste del hospital habrá que sumar su margen comercial, su beneficio. Una de ellas, la más grande de las que operan en España, se llama Capio y pertenece a un fondo de inversión estadounidense, CVC, que presume de "multiplicar por 2,7 el retorno de las cantidades invertidas". Ese negocio, obviamente, va a salir de tu salud.

4. Incluso suponiendo que lo privado funciona siempre mejor que lo público –que ya es mucho suponer–, para que tal cosa suceda hace falta algo en el mercado que en este modelo no existirá: competencia. No la habrá porque el ciudadano no suele elegir a qué hospital privatizado va. Cada empresa concesionaria, y hay apenas tres, explotará su centro sin que los recortes en su calidad afecten a sus ingresos. Así, convertiremos un servicio público eficiente y barato en lo más ineficaz que hay para el ahora enfermo, mañana consumidor: un oligopolio privado.

5. La Comunidad de Madrid apenas ha dado datos. Solo dice que los hospitales públicos cuestan de media 600 euros por habitante y que los privatizados salen solo por 411 euros. Sin embargo, estas cifras son bastante discutibles porque los privatizados no asumen costes que sí están en los grandes hospitales públicos, como los trasplantes o la investigación. Además, a los 411 euros hay que sumar el canon por la construcción del centro –también privada– y el de administración, con lo que la cifra real es mayor. ¿Cuánto? No lo sabemos. Nos falta información. Lo poco que ha explicado el PP madrileño de su modelo, una reforma del sistema sanitario que después será difícil de corregir, son estos once folios. Es un mínimo informe que no justifica una transformación tan radical.

6. Sí sabemos que algunos hospitales saldrán más caros para la Comunidad de Madrid cuando sean privatizados que ahora que son públicos. El Hospital Infanta Leonor de Vallecas, por ejemplo, cuesta al año 100 millones de euros.  Atiende a 325.000 madrileños, por lo que la concesionaria que se quede con esta joyita –a 411 euros por habitante–  recibirá 143 millones de euros al año. Es decir, que el "ahorro" de la privatización nos saldrá un 43% más caro nada más empezar. ¿A que es un negocio genial?

7. Las dos autonomías que, antes que Madrid, han sido pioneras en España en este modelo privatizador son Catalunya y la Comunidad Valenciana. Las dos están hoy quebradas, en gran medida por sus costes sanitarios. ¿De verdad son los ejemplos a seguir?