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Lucha sindical con rostro de mujer

Carmen Garrido analiza la evolución del movimiento obrero, en el que comenzó en la década de los sesenta en Ensidesa
Pasado, presente y futuro de CC OO

De la edición de La Nueva España

 

Amaya P. GIÓN

Comenzó en el sindicalismo allá por la década de los sesenta, en Ensidesa, en plena dictadura y siendo mujer. Carmen Garrido es, a sus 74 años, testigo directo de la evolución de la lucha obrera durante casi medio siglo. Se define como «una luchadora sindical y política» y considera que la recesión actual no es más que «la crisis del capitalismo». «Quizás habría que pensar que hay otro sistema alternativo», reivindica. Garrido intervino ayer en la conferencia «Pasado, presente y futuro de la mujer en la acción sindical», organizada por CC OO, junto a Pilar Plaza Muñoz (ex secretaria de la Mujer de la central en Avilés) y a su sucesora en el cargo actualmente, Mayte Abad López.

Sensibilizada con las reivindicaciones de los trabajadores y procedente de los movimientos obreros de la Iglesia, Garrido comenzó en el sindicalismo en las elecciones sindicales de la Fabricona de 1964. «Había mucha represión, estábamos en plena dictadura, y cualquier persona que tuviese ideas distintas a las del régimen era señalada y perseguida», relata. Fue su caso.

Por aquel entonces había personas encargadas de «mantener el orden político» que en Ensidesa se denominaban somatenes, una especie de observadores. «Pasé a ocupar el puesto que Francisco Medina (fallecido el pasado año) había dejado libre porque le había trincado la Policía y me hice con la secretaría del jurado de empresa», añade. Su carrera sindical, desde entonces, estuvo marcada por las dificultades. «Queríamos que los trabajadores participaran en la elaboración de un convenio colectivo, con una plataforma elaborada por los propios empleados. Hicimos una asamblea de personal administrativo en el Colegio de Niñas de Llaranes y elaboramos una lista», recuerda.

Esa lista vino acompañada de serios problemas para la avilesina. Una jornada en la que se había ausentado del despacho («creo que había tenido una reunión en Oviedo, la memoria ya me falla», dice) alguien aprovechó para hacerse con ese listado. «El presidente del jurado me llamó y me dijo que tenía una denuncia en un órgano de Falange porque pertenecía a una red de personas subversivas de Ensidesa. Llamó a la Policía», añade.

Carmen Garrido ha sido víctima de amenazas de muerte («un día me encontré encima de la mesa un sobre en el que me amenazaban con matarme si no abandonaba Avilés») y fue blanco de uno de aquellos «somatenes» («sentirse perseguido es algo terrible»).

En la década iniciada en 1960 había muchas mujeres trabajando en Ensidesa, aunque ni mucho menos vinculadas al mundo obrero. Los derechos eran, además, diferentes para el personal de oficina y el de taller. A pesar de las dificultades, confiesa que nunca se sintió sola. «He tenido unos compañeros inmejorables», subraya.

Garrido no duda ni un segundo a la hora de señalar el momento más duro de su trayectoria sindical: la firma del convenio de 1970. «El 6 de febrero nos encerraron a las seis de la tarde en el edificio que ocupaba el sindicato vertical, en la calle Rivero. La tensión era extrema porque pretendían que firmáramos una propuesta de convenio que no era la nuestra, la que querían los trabajadores. A las seis de la madrugada del día siguiente se me saltaron las lágrimas al tener que firmar. La fábrica estaba parada y no hubo otra solución», relata.

Pero no todo fueron adversidades. «El mejor momento que recuerdo es cuando se constituyeron los organismos unitarios (comité de empresa), algo que CC OO consiguió sacar adelante», dice. Garrido defiende que sindicalismo y política van estrechamente unidos: «Como el sindicato no tenga una idea política está perdido», argumenta la histórica sindicalista y concejala por IU en Avilés durante los mandatos de 1991-1995 y de 1995-1999.

A sus 74 años, Carmina (como la conocen cariñosamente sus compañeros de CC OO) reclama una participación más activa de los jóvenes en la sociedad y lanza un mensaje al colectivo femenino: «Nadie nos dio nada a las mujeres, todo lo hemos tenido que arrancar. Las libertades son para hacer uso de ellas», sentencia.

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