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111.000 asturianos sufren ansiedad

111.000 asturianos sufren ansiedad
Este trastorno genera la pérdida de 380.000 jornadas de trabajo al año. Se calcula que unos 111.000 asturianos sufren cuadros ansiosos

13.07.11 - 02:36 -

8,5 millones de euros. Esto es lo que gasta Asturias cada año en fármacos para tratar la ansiedad. El aumento de esta patología psiquiátrica, que como refleja el borrador del Plan de Salud Mental 2011- 2016 está cada vez más presente en las consultas médicas, empieza a dejarse notar en las arcas regionales. Sólo en ansiolíticos y en fármacos relacionados con cuadros ansiosos, el Principado destina el 2,5% de su gasto farmacéutico regional, que en 2010 ascendió a 352 millones de euros.
La ansiedad se encuadra dentro de los llamados trastornos adaptativos. Junto a la depresión y el estrés conforman el 'top ten' de los problemas psicológicos que más demanda asistencial generan en Asturias, tanto en la red especializada de Salud Mental, como en Atención Primaria (la estimación no incluye las consultas que se registran en la medicina privada por lo que el fenómeno es aún mayor). Tal y como avanzó días atrás EL COMERCIO, la Consejería de Salud ha constatado un aumento de esta patología, donde siete de cada diez afectados son mujeres. Algunos expertos vinculan este incremento con la crisis, aunque aseguran que es necesario ver la evolución de los próximos años para poder realizar un diagnóstico certero.
Pero la ansiedad no sólo provoca un gasto económico en fármacos. También deja pérdidas laborales, medidas en días de ausencia al trabajo. La Consejería de Salud ha elaborado una Guía de Recomendaciones Clínicas sobre la Ansiedad. En ella señala que este trastorno genera anualmente la pérdida de 380.000 jornadas de trabajo. En la actualidad se calcula que 111.000 asturianos padecen cuadros ansiosos. De ellos, cerca de 10.000 son atendidos en Salud Mental mientras que el resto reciben tratamiento en Primaria. Cada año, se registran 30.000 nuevos casos. Se trata, hoy por hoy, de la enfermedad que más crece en la región.
La reacción a una amenaza
La ansiedad es definida como «la vivencia que se experimenta cuando el organismo reacciona ante la percepción de una amenaza». Se trata de una respuesta psicofisiológica del organismo para adaptarse a una situación determinada. Sentir ansiedad no es malo. De hecho, la solemos sufrir en muchos momentos de nuestras vidas. Antes de un examen, de una prueba deportiva, de comenzar un nuevo trabajo... La ansiedad, recuerdan los expertos, «es una de las primeras vivencias que tiene el bebé, siendo su función la conservación de la propia vida».
Pero, ¿cuándo se convierte en una enfermedad? Cuando la reacción adaptativa es de mayor intensidad o duración que la esperada. También cuando el sistema de alarma se activa en ausencia de amenaza objetiva o cuando genera incapacidad para relacionarse con el entorno. Situaciones de crisis como la actual propician el aumento de este tipo de trastornos psiquiátricos. La ansiedad puede aparecer con síntomas físicos o psicológicos (o ambos a la vez). En el plano físico los enfermos suelen sufrir sudoración, sequedad de boca, mareo, tensión muscular, palpitaciones, vómitos, problemas digestivos, dolores de cabeza, taquicardia, entre otros. En la esfera psicológica los afectados sienten que pierden el control, están todo el tiempo preocupados, tienen sensación de agobio, pérdida de memoria, irritabilidad y obsesiones. En los casos más graves puede degenerar en fobias.
En Asturias, la ansiedad se aborda mayormente desde la esfera medicinal. Un 45% de los afectados recibe sólo tratamiento farmacológico. Otro 25% sólo tratamiento psicológico, mientras que el 29% recibe terapia combinada.
Uno de los retos es mejorar la detección de estos cuadros, que llegan generalmente al médico de familia. Actualmente, se calcula que cuatro de cada diez pacientes que acuden a Primaria lo hacen por un problema psiquiátrico. Sin embargo, a los médicos de familia les faltan herramientas, precisa la consejería, ya que sólo detectan entre el 18% y el 27% de casos de un casi 48% de patología probable. Finalmente, aconseja reservar el tratamiento farmacológico sólo para los casos severos y persistentes. «Aunque no hay ensayos clínicos que lo atestigüen con claridad, al igual que ocurre con la depresión, es posible que la medicación en los casos leves no tenga valor», concluye.

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