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OPINION

Excelente, a mi juicio, artículo de Albert Recio…

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Sanidad pública, intereses mercantiles y cohesión social

Por Albert Recio – Consejo Científico de ATTAC España



Hace tiempo que la sanidad pública está en la mira del capital. No en vano el gasto sanitario constituye una importante partida económica, y por tanto fuente potencial de negocio. La prueba es que una parte del gasto sanitario llena las arcas de las empresas farmacéuticas y proveedoras de equipamiento sanitario, que suelen encontrarse entre los negocios más rentables del planeta. No en vano también allí donde la gestión sanitaria privada está más extendida, los EE.UU., el peso del negocio sanitario constituye la partida más importante del PIB, algo que tiene poco que ver con el nivel de eficiencia del modelo sanitario si se toman como referencia indicadores de esperanza de vida o de desigualdad en el acceso a la asistencia sanitaria.

Hace ya tiempo que algunas Comunidades Autónomas, especialmente Madrid y la Comunidad Valenciana, adoptaron un modelo de externalización de la gestión sanitaria cuyos efectos sobre el bienestar de la población y las condiciones de trabajo del personal merecen ser evaluados. Hace unos meses una evaluación de la calidad de los sistemas sanitarios en base a 19 indicadores sitúo a ambas comunidades en la categoría de “deficientes” (junto con Canarias y Galicia, siendo la Comunidad Valenciana la peor calificada. (El País, 2 septiembre 2010).

También en Catalunya ha existido desde siempre un sistema mixto de gestión sanitaria, en parte heredado del modelo sanitario anterior al establecimiento de la seguridad social. Un sistema sanitario donde se combinan hospitales públicos con una extensa red de centros semipúblicos, en manos de patronatos con presencia de instituciones locales, Iglesia Católica y grupos privados. CiU, en su largo mandato en la Comunidad, reforzó este modelo y le dio estructura, algo bastante parecido al doble circuito educativo. El Triparto fue incapaz de cambiarlo y aunque incrementó el gasto sanitario también llevó a cabo una reforma estatutaria del Institut Català de la Salut (el propietario de la parte pública del sistema) que apostaba por una gestión más liberal. La excusa siempre es el alto y creciente coste sanitario y la necesidad de modernizar la gestión. Un alto coste que es difícil de argumentar cuando se contrasta el gasto sanitario español con el de países de la UE (tanto en términos de PIB como de gasto per cápita), como el catalán respecto al resto de España (según el informe citado el gasto per cápita catalán solo está 4 euros por encima del gasto medio y se sitúa en la mitad de la tabla.

El nuevo gobierno de CiU, con el ínclito conseller Boi Ruiz a la cabeza, no ha dudado sin embargo en lanzar una auténtica cruzada en pos de la demolición del sector público sanitario. La política de ajuste presupuestario ha sido la excusa para ello. El cierre de camas y quirófanos hospitalarios, de urgencias en los ambulatorios (especialmente grave en zonas semirrurales donde los hospitales están distantes) han generado cabreo y sentimiento de deterioro, Tras las elecciones, CiU se siente con músculo para seguir su política privatizadora, ya visible en uno de los múltiples apartados de la “ley omnibus” donde se contempla la posibilidad que los hospitales públicos alquilen a operadores privados sus plantas cerradas y sus quirófanos, que han dejado de operar por la tarde. Un regalo al sector privado que podrá ofrecer a quien tenga dinero la alta calidad de la asistencia pública sin tener que pasar por las engorrosas (y al menos democráticas) listas de espera. Ahora se propone otra vuelta de tuerca, primero en forma de un nuevo copago por receta médica (como no se puede cambiar la realidad se crea el neolenguaje y se le llama ticket moderador) y después con la propuesta del siempre contundente Boi Ruiz a favor de crear un seguro privado obligatorio para la gente con recursos y dejar el servicio público para los pobres (aunque al paso que vamos con el paro y los recortes salariales la categoría “pobre” va camino de ser universal).

No deja de ser insólito que en Catalunya se defienda la gestión de las mutuas privadas como una muestra de eficiencia y buen hacer cuando en el pasado la Generalitat dedicó importantes recursos al salvamento de gestiones fallidas y fraudulentas (Hospital General de Catalunya, Mutua l’Aliança) y otras importantes instituciones han entrado en barrena (Agrupació Mútua) o han estado salpicadas por importantes casos de corrupción (Mutua Universal). Si de algo puede presumir el sector privado catalán es de fracasos continuados de gestión.

La propuesta, de ir adelante, significa bastante más que una mera privatización. Significa la ruptura del propio concepto de ciudadanía y de solidaridad social por cuanto se rompe el continuo entre los que pueden pagar y los que no. Si el problema es meramente financiero, y se supone que hay una parte de la población con recursos, bastaría subir los impuestos a esta parte de la población para cubrir el aumento del gasto. Propugnar un doble circuito es sin embargo optar por un modelo dual, uno “de pago” (aunque todo el mundo sabe que al final las mutuas privadas practican todo tipo de discriminaciones para reducir sus costes) y otro para pobres. Una nueva oportunidad para fomentar una cultura de la insolidaridad e incultura fiscal de las clases medias y un desprecio frente a los pobres que se salvan del seguro privado. En un país con elevados índices de evasión fiscal, con un elevado porcentaje de población inmigrante pobre, este modelo es una verdadera invitación a la iniquidad y la xenofobia. Ruiz no es solo un privatizador sino un verdadero agente promotor de la fragmentación social. Algo en lo que se muestra tozudo, pues ya antes de hacer esta propuesta atribuyó los problemas de salud a la genética y los hábitos individuales (otra forma de mentalizar a la población de que la gente enferma lo es por culpa propia, de separar buenos y malos ciudadanos, aunque entre los factores de malos hábitos nunca suelan incluir el del uso intensivo de los vehículos que generan contaminación y accidentes, ni el de las malas condiciones de trabajo).

Boi Ruiz, lo que representa, no es solo un peligro para la sanidad sino también para el mismo sentido de sociedad. No solo promueve negocio sino también división social, clasismo. No es por desgracia el único. Ahí están también los responsables de la sanidad gallega y balear desactivando ilegalmente tarjetas sanitarias a gente desamparada. Hay que pararles los pies: está en juego nuestra salud y nuestro sentido de sociedad.

Artículo publicado en Mientras Tanto Electrónico.

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Tres artículo recientes sobre la gestión privada de la sanidad…

Más cara y de inferior calidad

*¿Por qué lo PRIVADO en lo PÚBLICO, cuando es de menor CALIDAD y más caro?

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*La gestión privada de la sanidad es más cara

Annus horribilis

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Lne.es» Opinión
De los problemas de la Casa Real a la dura crisis y los ajustes que afectan a todos los españoles

Annus horribilis
J.R. CHAVES MAGISTRADO Hace casi veinte años, la Reina Isabel de Inglaterra, en su habitual discurso televisado de Navidad, calificaba de «annus horribilis» aquél que asistió a los devaneos de los príncipes Carlos y Andrés, además del incendio del castillo de Windsor. En España, aunque el mensaje navideño del Rey Juan Carlos I de este año no llegue a tal ataque de sinceridad, muy posiblemente el televidente captará como telón de fondo la mala cosecha de la cotización de la institución monárquica española. Por un lado, los últimos tests de popularidad según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) demuestran una bajada a mínimos históricos, y por otro lado, el «Urdangate» o caso del yernísimo está enlodando los cimientos de la institución. Pero como se dice en las tierras cantábricas: «Nunca llovió que no escampara», y la Familia Real siempre contará con el escudo protector del aparato mediático e influencias de la Casa del Rey, y en el peor de los casos, merced a los privilegios cortesanos, nunca le faltarán unas habichuelas o el cómodo retiro en algún país de acogida o asilo por sus hermanos de sangre azul.

Sin embargo, el común de los ciudadanos españoles vive también su annus horribilis y no tiene tan asegurados el condumio ni la estabilidad en su marco de existencia (empleo, vivienda, educación, calidad de vida, etcétera ). Veamos.

En el plano económico, hemos pasado del esperpento a la tragedia. Así, la primera fase de la crisis económica nos dejaba sumidos en la perplejidad propia de un mundo absurdo. Economistas que no vieron venir el mayor tsunami financiero de la historia, pelotazos de aprovechados del tumulto, políticas públicas de gasto seguidas de radical austeridad, bancas pirómanas que apagaban el incendio con subvenciones públicas, recortes del chocolate del loro en contraste con pompas a cargo de la pólvora del rey, etcétera.

La segunda fase de la crisis económica muestra la cara trágica. La dimensión de la crisis es internacional y unos tipos con nombre de bufete televisivo marcan el camino (Goldman Sachs; Standard and Poor’s; Merkel and Sarkozy; Euribor, etcétera). La sombra del «corralito» es constante y prácticamente no hay sector empresarial que no pida auxilio: el sector inmobiliario está paralizado; la venta de automóviles ha convertido los concesionarios en expositores; las pymes se ahogan por el abuso de las grandes superficies, que a su vez compiten entre ellas para expulsarse del mercado; el sector editorial tradicional y el periodístico sufren un invierno crudo con las primeras nieves de la competencia electrónica; el mundo audiovisual padece una piratería tan depredadora como comprensible; la hostelería, entre leyes del tabaco e impuestos crecientes, asiste impotente a la fuga de clientes; los titulados universitarios desempeñan trabajos sin cualificación; los opositores a empleo público no tienen a qué opositar; los profesionales ven que sus servicios son menos reclamados y menos pagados; las actividades económicas de servicios prescindibles dan boqueadas (turismo, asistencia doméstica, gimnasios, guarderías, etcétera) y, en general, muchos no saben si el nuevo día les traerá un tijeretazo, un ERE, un impuestazo u otra medida que, como en el infantil juego de la oca, los coloque en la casilla de la posada, el pozo o la cárcel (sin tirar varias jugadas), en el laberinto (retrocediendo casillas) o en la calavera (¡en la casilla de salida!).

En el plano político, la situación también es inquietante. El cambio de signo electoral dominante en España tras las elecciones del pasado 20 de noviembre tiene el mismo significado que la decisión del enfermo terminal cuyo médico sólo le da malas noticias y que se arroja en brazos de otro facultativo. El tiempo dirá si éste resultará un cirujano eficaz y salvador o un fantasioso curandero. Lo cierto es que las conquistas sociales peligran: la sanidad pasará de ser una necesidad a ser un lujo, la educación quedará en segundo plano, los contratos laborales se convertirán en un cheque en blanco, las subvenciones públicas se reducirán al mínimo y el Estado adelgazará hasta la anorexia.

La insólita situación me recuerda la película clásica «El coloso en llamas» (1974), donde un imponente rascacielos aparentemente seguro sufre un incendio que avanza inexorablemente planta a planta de manera que los invitados a la fiesta de inauguración que se celebra en el último piso, tienen que tomar la crucial decisión que les dicta su conciencia. En unos casos, la resignación ( esperar las llamas), en otros la temeridad (arrojarse al vacío) y la mayoría buscar frenéticamente una salida.

En particular, recuerdo la escena en la que un chico, ante las amenazadoras llamas, se despide de su novia explicándole que solía correr pruebas de atletismo y que envuelto en unas toallas empapadas puede conseguir aguantar los pocos segundos que le llevará atravesar corriendo el pasillo de fuego y alcanzar lugar seguro. Tras un beso de despedida, lo intenta y las lenguas del fuego lo abrasan. Esperemos que nuestro caso sea mas bien el de quienes conservaron la cabeza fría como el protagonista Steve McQueen y consiguieron superar el trance, porque lo realmente importante en el tumulto que vivimos es mantenerse como dice el célebre poema del «Sí?» de Kipling, «en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida», y valorar lo que auténticamente conservamos los españoles y que nos hará salir de la crisis: una democracia de hierro, un sentido latino del valor de la familia y la amistad, y una sociedad que ha demostrado históricamente con creces su capacidad de supervivencia y adaptación a las vacas flacas. No es malo reexaminar nuestras vidas y metas cuando nos vemos enfrentados a una situación compleja y actuar en consecuencia.

En fin, como decía burlonamente el periodista gallego Julio Camba, «hay años en que uno no está para nada».

La gestión privada de la sanidad es más cara

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Marciano Sánchez Bayle | Portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

nuevatribuna.es | Actualizado 09 Diciembre 2011 - 20:13 h.

Suele ser un tópico utilizado por quienes tienen intereses en la privatización de la sanidad que la gestión privada consigue ahorros sustanciales en la prestación de los servicios sanitarios porque, se dice, lograría una mayor eficiencia. Este tópico, que no se sustenta en ninguna evidencia científica, ha vuelto a ser repetido como un “mantra” por las presidentas de las comunidades autónomas de Castilla La Mancha y Aragón, que basándose en estos supuestos ahorros de la gestión privada y la iniciativa publico-privada pretenden impulsar las llamadas “colaboraciones público- privadas” (iniciativas de financiación privada y/o concesiones administrativas) para la construcción de hospitales, y el paso a la gestión privada de cuatro ya existentes en Castilla La Mancha.(leer más)

La Sanidad Pública tras la victoria del PP

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nuevatribuna.es | Marciano Sánchez Bayle | Actualizado 28 Noviembre 2011 - 18:03 h.

Los resultados de las elecciones del 20 de noviembre plantean serios interrogantes a la Sanidad Pública en España. Por primera vez un partido de derechas tiene el poder en el gobierno central y en la mayoría de las omunidades autónomas (con excepción de Andalucía con unas elecciones en ciernes, País Vasco con un gobierno minoritario, Canarias y Navarra con unas coaliciones donde el PSOE no es imprescindible y Cataluña con el gobierno de CiU que tiene en política sanitaria unas posiciones mas agresivas y liberalizadoras.(leer más)

De un 29,31% de votos sobre el censo electoral en 2008 a un 30,27% en 2011... ¿ese es el tsunami del PP para legitimarse en hacer duros recortes?

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¿Dónde está el tsunami?

Por Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.

nuevatribuna.es

No hay plena conciencia en los mayores centros de los establishments políticos y mediáticos españoles del grado de descontento de la mayoría de la población hacia la clase política. Una de las expresiones utilizadas por el Movimiento 15-M para manifestar su desacuerdo con las políticas públicas altamente impopulares aprobadas durante los años de crisis por mayorías en las Cortes españolas (y en varios parlamentos autonómicos), es que tales políticos “no nos representan”, dicho que goza de una simpatía generalizada entre la población. Las encuestas de opinión popular expresan que la clase política se ha convertido en uno de los mayores problemas que existe en España.

Este desapego con las instituciones políticas está basado, en parte, en la naturaleza poco representativa del Parlamento, resultado de un sistema electoral poco representativo, hecho que se ha mostrado con toda claridad en las elecciones del 20-N.

La interpretación más común en los medios de mayor difusión españoles es que la población se ha movido hacia la derecha, eligiendo masivamente al partido conservador. Con ello se señala por parte de tales medios que existe un amplio apoyo a las propuestas electorales de tal partido, que se centran en la necesidad de hacer recortes masivos de gasto público. Rajoy señaló en campaña que, excepto las pensiones, ningún otro capítulo del presupuesto se salvaría de las reducciones de gasto público.

La victoria del PP se está presentando, pues, como una victoria abrumadora, utilizándose el término tsunami con gran frecuencia. Y como muestra de este tsunami se presenta el mapa electoral de España cubierto de azul, el color del PP, excepto en Catalunya y en el País Vasco. Tal tsunami se presenta también como un mandato para hacer políticas de austeridad. Por cierto, en Catalunya, la victoria de CiU también se ha presentado como una aprobación masiva por parte del pueblo catalán de las políticas de recortes que ha realizado tal partido en el Gobierno.

En todas estas interpretaciones se ignora la escasa calidad democrática del sistema electoral español. Veamos los datos. El PP consiguió sólo el 30% del voto del censo electoral, es decir, de todos los españoles adultos que podían votar. Ello quiere decir que el 70% no le votó. No es cierto, por lo tanto, que el pueblo español que incluye, además de los votantes del PP, a los abstencionistas y a los votantes de otras opciones políticas, haya dado su apoyo al PP y a sus políticas de austeridad. La gran mayoría del pueblo español no votó al PP, ni apoya sus políticas.

Es más, los datos tampoco confirman que haya habido un movimiento del pueblo español hacia la derecha. El voto del PP fue del 30,27% de todas las personas que podían votar, que fue sólo un 0,96% (repito, sólo un 0,96%) más del que consiguió en 2008 en las anteriores elecciones legislativas (un 29,31%). Es difícil sostener que ha habido un tsunami a favor del PP, la expresión utilizada en la mayoría de los medios. Continúa siendo un partido que, bajo un sistema proporcional que diera el mismo peso a todos los votos, sería minoritario. Su aumento acentuado de número de parlamentarios se debe primordialmente al colapso del PSOE, que pasó de representar el 32,19% del censo electoral al 19,49%, precisamente por haber hecho los recortes que ahora el PP quiere expandir. No es coherente argumentar que hay un mandato popular para realizar las políticas de austeridad del PP cuando el PSOE fue expulsado del Gobierno precisamente por llevar a cabo tales políticas.

Una situación incluso más acentuada ocurre en Catalunya con CiU. Este partido consiguió sólo el voto del 18,8% de todos los catalanes que podían votar, lo cual quiere decir que el 81,2% no le votó. Deducir de ello –como ha concluido el presidente de tal partido y de la Generalitat– que el resultado de las elecciones es una muestra de apoyo del pueblo catalán a sus recortes es una lectura excesivamente sesgada que carece de credibilidad. Aquí, de nuevo, el hecho de que se presentara a toda Catalunya bajo los colores de CiU se debe predominantemente al descenso tan notable del PSC, que pasó de cosechar el apoyo de un 31,74% del censo electoral (de todos los catalanes que podían votar) a un 17,1%, resultado en gran parte de la identificación del PSC con los recortes del Gobierno Zapatero.

No hay, pues, un mandato popular para que el PP o CiU realicen las políticas de recortes, si por mandato se entiende el deseo de la mayoría de la ciudadanía. En realidad, las encuestas que tenemos disponibles muestran que la mayoría de la población no está de acuerdo con tales políticas, favoreciendo otras alternativas, muchas de las cuales ni siquiera están siendo consideradas (encuesta del CIS de 2010 y 2011).

Vemos, pues, que el partido que gobernará es un partido minoritario entre la población española, aunque tenga gran mayoría en escaños. De ahí que cuando el Movimiento 15-M denuncie a las Cortes españolas por realizar las políticas impopulares de recortes, por no representar a la mayoría de la población, llevará toda la razón, pues representarán sólo a una minoría. El PP tendrá un control casi absoluto sobre los aparatos del Estado sin que le haya votado la mayoría de los españoles, por mucho que los medios pinten en azul el mapa de España. No hay duda de que, de llevarse a cabo tales políticas de recortes, además de generar gran conflicto social, desacreditarán todavía más a la clase política y a la democracia española. Las nuevas generaciones, educadas ya en valores democráticos, son más exigentes que las que les precedieron y no aceptarán la democracia limitada que tenemos, resultado de una Transición inmodélica que determinó una democracia incompleta, responsable de un bienestar insuficiente.

La crisis financiera explicada de manera sencilla

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nuevatribuna.es | José Luis López Bulla | Actualizado 26 Noviembre 2011 - 22:49 h.

 

Maruja es la propietaria de un bar en Benidorm, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.

Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.

Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Maruja se empieza a llenar de más clientes.

Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Maruja decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.

Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.

Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Maruja. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.

Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?

En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.

Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es un camelo; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Maruja el pago de su préstamo bancario; y Maruja, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.

Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.

Nota: ¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.

Maruja no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.

Nota: Y Maruja pierde el bar.

Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

Las compañías que proveen al bar de Maruja, que cobraron, se dedicaron a pedir más vino y cerveza para ampliar el negocio y para ello pidieron también créditos a los bancos. Además, tanto Maruja como los proveedores se gastaron los beneficios en comprarse Porsche Cayennes y Audi Q7 mediante renting o en dinero negro ya que los bares cotizan por módulos. Como Maruja deja de comprar, el proveedor de vinos se queda con todo el stock, que no puede devolver ni tampoco pagar, y entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.

O sea todo el dinero se ha ido hacia los concesionarios y fabricantes de haigas alemanes y aquí solo han quedado los créditos de Maruja y los proveedores frente a los bancos, que a su vez se lo deben a los bancos alemanes, donde está el dinero de los haigas.

El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.

Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes.

Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios.

Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.

¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo!

Firmado: Un abstemio.....

Un diagnostico sencillo y acertado que, por desgracia, no tendrá el tratamiento “medico” apropiado…

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Lo que España necesita

Por José Manuel Naredo - Consejo Científico de ATTAC España


Los resultados electorales lo han confirmado. Uno de los dos polos del bipartidismo reinante se ha desmoronado dando paso al otro en el Gobierno. Ha perdido su apoyo electoral por hacer “lo que España necesitaba” para salir de la crisis. Con el agravante de que los sacrificios humanos perpetrados en favor de “los mercados” no consiguieron aplacarlos ni, menos aún, reactivar la economía: la depresión se ha agravado y la calificación de la deuda es hoy peor que nunca. Y en los discursos electorales se siguió hablando del imperativo de hacer “lo que España necesita”, creando miedos justificados entre la castigada población española que motivan esta reflexión.
¿Necesitaba España financiar tanta operación especulativa y tanto megaproyecto ruinoso? ¿Necesitaba de verdad congelar pensiones, recortar sueldos de funcionarios, derechos sociales y laborales… o participar en acciones militares foráneas? Parece como si los políticos que hablan en nombre de España tuvieran hilo directo con ella, cuando precisamente evitan que la ciudadanía participe en la toma de decisiones importantes y ningunean manifestaciones o encuestas en las que esta ciudadanía expresa sus puntos de vista, generando así crispación social y desconfianza.
Para intuir lo que la población española (no España) necesita hacen falta dos cosas. Una, dejar de engañar a la ciudadanía con tapujos y previsiones edulcoradas, pasando a considerarla mayor de edad. Pues tomar conciencia de nuestros males es el primer paso para curarlos y hacer diagnósticos ajustados y transparentes del presente es condición para construir sólidamente el futuro. Otra, contar con la participación de esa ciudadanía bien informada para orientar y respaldar las importantes decisiones que se avecinan y las políticas a adoptar. Sólo a raíz de tomar plena conciencia de la crítica situación actual se podrán acordar medidas ampliamente consensuadas sobre el reparto de las responsabilidades y los costes de la crisis y sobre la obligada reconversión económica. Y, con buenas prácticas políticas que potencien la participación ciudadana, se podrá recuperar la cohesión social necesaria para marcar metas comunes, y no al revés. Esta es la diferencia entre democracia y despotismo.
Artículo publicado en Público.