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OPINION

No es necesario hacer ningún comentario… es la “spanish revolution”

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15-M: Hartos de la estafa y la impunidad

Por Juan Torres López y Carlos Martínez García – ATTAC España.

La inmensa mayoría de lo políticos, periodistas y tertulianos no han querido oír en los últimos tiempos a los jóvenes con tasas de paro del 45%; ni a las miles de personas que reclamaban al Banco de España y los tribunales que los defiendan de las estafas de los bancos en forma de contratos de swaps, clips y demás engaños; ni a los cientos de miles de familias que han perdido la vivienda; ni a las docenas de miles de pequeños y medianos empresarios que cierran sus empresas porque no reciben ni un euro de bancos que usan las ayudas públicas para seguir especulando; ni a los padres y madres de familia que tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes mientras los beneficios de las grandes empresas y bancos se disparan; ni a quienes decíamos que las medidas que se estaban tomando no eran para resolver la crisis sino para que quienes la habían provocado salieran de ella con más poder y más beneficios; ni a quienes empezaban a sentirse indignados porque el gobierno llamara a La Moncloa para crear empleo a los grandes directivos de las empresas y bancos que más puestos de trabajo han destruido en los últimos años.

Han estado haciendo oídos sordos a todo esto. Nunca hablan de que los bancos matan de hambre a la gente ni explican cómo les engañan y quitan sus viviendas. Y ahora que la gente reacciona y sale a la calle harta de todo eso, quieren ser ellos los grandes intérpretes de lo que está pasando.

Pero se van a equivocar de nuevo.

Lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir en nuestras calles es bastante más sencillo de lo que parece. La gente ve, la gente lee y la gente entiende mucho más de lo que le ofrecen los medios propiedad de los bancos y de las grandes empresas que solo programan bazofia para que la mayoría de la gente ni vea, ni piense, ni sepa nada inconveniente para ellos. Cada vez más gente entra internet y habla con otras gentes para informarse por otras vías y ha empezado a descubrir que Botín, Miguel Angel Fernández Ordoñez, Francisco González, Rajoy, Esperanza Aguirre, Zapatero y compañía han montado una estafa colosal y que ya se ha empezado a cansar de soportarla.

Se han dado cuenta de que sí sabían que se iba a producir una crisis de gran envergadura pero que la ocultaron para que no se viera la responsabilidad criminal de quienes la habían provocado, los bancos y las autoridades de los gobiernos y los bancos centrales que miraban a otro lado.

Se han dado cuenta de que las multimillonarias ayudas que le dieron a los bancos con la excusa de que así se iba a reactivar el crédito para que no se siguiera perdiendo empleo ha sido también mentira porque lo que han hecho los bancos con ese dinero ha sido emplearlo en especular con la deuda de los gobiernos y así extorsionarlos mediante el auténtico terrorismo financiero que practican las agencias de calificación para exigirles reformas que les den aún más ventajas.

Se han dado cuenta de que la reforma laboral, la de las pensiones, de las becas y ayudas a la educación, el recorte de salarios y las que vendrán para modificar la negociación colectiva o para privatizar los servicios públicos no tienen nada que ver con las causas de la crisis, sino que son la forma de abrir nuevos negocios para que sigan forrándose los mismos de siempre.

Y la gente empieza a darse cuenta de que ya no se puede soportar tanto engaño en nuestra vida política, con cientos de cargos imputados por corrupción sin que los dirigentes de los partidos les digan nada, con un bipartidismo favorecido por una ley electoral sencillamente no democrática, por créditos bancarios que nunca devuelven y por medios de desinformación propiedad de las grandes fortunas o de empresas y bancos que solo informan de lo que les conviene. Es decir, miles de personas se han dado cuenta ya de que no vivimos en una democracia y que, por tanto, hay que reclamar la Democracia Real cuanto antes.

Eso no es todo, porque también hay algo más.

La gente que está en las calles, la que apoya a la que ya está en la calle y la que se va a ir sumando a la calle SÍ TIENE ALTERNATIVAS aunque los políticos convencionales se empeñen en descalificarnos diciendo que somos antisistema (cuando en realidad es el sistema el que es anti-nosotros) que solo sabemos protestar y decir que no.

Somos muchos y de sensibilidades variadas pero basta ver los documentos que han ido circulando llamando a las manifestaciones para percibir que hay cuestiones comunes y básicas que nos unen a todos porque, por encima de nuestras diferencias, somos, sobre todo y simplemente, ciudadanos y ciudadanas que lo que queremos es algo tan elemental como democracia real y justicia de verdad.

Entre otras demandas que pueden verse en los documentos de Democracia Real Ya u otras organizaciones que apoyan las movilizaciones, como ATTAC, queremos que haya una ley electoral que no sea discriminatoria, que garantice la igualdad de todos las personas ante los procesos electorales, queremos una jurisdicción que expulse de la vida política a los corruptos, queremos leyes de medios que garanticen pluralidad y no la concentración perversa de ahora….

Queremos normas que garanticen que los banqueros y las grandes patronales no puedan extorsionar a los gobiernos ni imponer su voluntad a los poderes representativos. Queremos que las decisiones económicas las tomen aquellos que hemos elegido para que las tomen, y no otros disfrazados de mercados. Y que los mercados estén sometidos a la ética de la satisfacción social y no a la del lucro sin cese.

Queremos recobrar las empresas que los gobiernos concedieron a bajo precio a capitales privados y que ahora se llevan nuestro capital y beneficios a otros lugares despidiendo a nuestros conciudadanos y prestando servicios mucho peores y más caros.

Queremos una banca pública controlada estrictamente para que garantice financiación a los pequeños y medianos empresarios y a las familias.

Queremos medidas de urgencia para que se investigue a los responsables de la crisis y paguen con dinero y cárcel por sus estafas, engaños y crímenes económicos en aquí y en los paraísos fiscales.

Queremos una reforma fiscal que acabe con la injusta situación actual que permite que los más ricos prácticamente no paguen y que hace recaer la mayor carga impositiva en los asalariados y pequeños y medianos empresarios de rentas más bajas, arruinando así a las clases medias y trabajadoras que son el sostén de las democracias.

Queremos que los poderes públicos impidan desde ya que siga habiendo miles de familias que pierden sus viviendas a manos de las entidades financieras, que se penalicen las actividades especulativas y que nuestro patrimonio natural y ambiental se siga destruyendo como hasta ahora solo para que ganen dinero unos pocos desalmados.

Esto es más o menos lo que quieren estas personas, jóvenes y más maduras, que han irrumpido en nuestras calles como un tsunami que durará mucho más de lo que algunos se creen.

No hace falta mucho debate para entender lo que piden, lo que pedimos. Es bastante elemental:

Que los culpables paguen el daño que han causado, que si antes han salvado tan generosamente a los ricos, salven ahora a las personas, y que se garantice que las decisiones que se toman en las instituciones políticas sean las que hayamos decidido los ciudadanos y ciudadanas cuando elegimos a nuestros representantes y no, como está sucediendo, las que imponen los banqueros y grandes propietarios para salvar solamente sus intereses egoístas.

Eso es todo lo que exigimos. De momento.

Para leer despacio y si aún se es capaz… ¡¡reflexionar!!

 

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Del 1 de Mayo al 15-M

Antonio Bernal – ATTAC Andalucía

Las sociedades industriales de la modernidad han sido sociedades de clases. Resultaba fácil representarlas como una pirámide vertical: en la base, los marginados y los trabajadores de poca cualificación; en las capas medias los trabajadores cualificados, los sectores profesionales y los pequeños y medianos propietarios; y en la cúspide la minoría de grandes empresarios, banqueros y rentistas. Este es un esquema que se puede matizar cuanto se quiera. Pero sin variaciones sustanciales ni en cuanto al modelo de representación, que seguirá siendo predominantemente vertical, ni en cuanto a criterios de diferenciación social, de entre los que siempre serán determinantes los niveles de renta y las posiciones en la estructura ocupacional.

En cambio las sociedades de la llamada postmodernidad, las que están configurándose bajo el impacto de la globalización, son más complejas. Se mantiene la escala vertical, aunque los escalones se han hecho más altos y numerosos, porque la desigualdad y la segmentación social van en aumento. Pero sobre todo aparecen nuevas líneas de fractura que ya no están fundadas en los viejos criterios de diferenciación en clases, sino en nuevos y múltiples elementos que configuran nuevas identidades colectivas. De hecho este es precisamente uno de los fenómenos más característicos de las sociedades contemporáneas: la proliferación de nexos de articulación social, que se superponen a las viejas relaciones de clase.

Muchas de esas nuevas identidades no son más que prolongaciones de la capacidad de interacción social del individuo a partir de sus propias cualidades personales, de su profesión, estudios, creencias, gustos o aficiones. Por esa vía, y con la infraestructura que proporcionan las nuevas redes sociales en Internet, se produce una suerte de movimiento expansivo de la esfera privada, que bien puede extremarse hasta el límite del exhibicionismo, pero que no deja de ser esfera privada.

Pero ahora lo que nos interesa es poner el foco en esos otros movimientos surgidos en torno a cuestiones de indiscutible interés público.

Los primeros comenzaron a fraguar hace decenios. Las organizaciones feministas, ecologistas y pacifistas, la lucha por los derechos civiles de minorías raciales o la defensa de consumidores y usuarios, comenzaron a expandirse visiblemente en los países capitalistas avanzados en la década de los setenta del pasado siglo. Justo cuando, tras la primera crisis del petróleo de 1973, empezaban a quebrarse las bases de la pujante sociedad industrial construida tras la segunda guerra mundial. Pero el proceso sigue abierto, impulsado por una dinámica de cambio social acelerado que hace aflorar nuevos retos para la organización de la convivencia, y por una ciudadanía con más formación y fácil acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en cuyo seno se multiplican los liderazgos sociales y de opinión.

Los nuevos movimientos surgen con frecuencia por fragmentación o especialización de los preexistentes. Del crisol del ecologismo han surgido las organizaciones contra el maltrato animal y la lucha por una agricultura ecológica o contra la comercialización de organismos genéticamente modificados, causas estas dos últimas que han creado especialidades en el seno de organizaciones de agricultores o de consumidores. En el espacio de éstas se forman ahora las agrupaciones de afectados por los abusivos contratos hipotecarios. Los movimientos de gays y lesbianas se nutrieron en gran parte del discurso del feminismo, que también ha incubado las asociaciones contra la violencia de género. La lucha contra el racismo se ramifica en nuevas lecturas del derecho a la identidad cultural a cargo de organizaciones de inmigrantes, con frecuencia agrupadas según nacionalidades de origen. Y en el espacio del sindicalismo tradicional emergen plataformas de parados o de jóvenes y estudiantes sin futuro.

Se les imputa con frecuencia a estos movimientos un carácter esencialmente interclasista. En efecto, y por citar sólo pocos ejemplos, la lucha por la igualdad de género no enfrenta a ricos y pobres sino que reclama los derechos de las mujeres frente a los hombres. Y ecologistas y asociaciones de consumidores se enfrentan frecuente y simultáneamente a los intereses de empresarios y trabajadores de fábricas contaminantes y corporaciones sin escrúpulos.

De este argumento, entre otros, se nutren quienes afirman que ya no tiene sentido hablar de derechas e izquierdas, categorías analíticas y políticas que estarían caducando junto a la vieja sociedad de clases en que surgieron. Sin embargo estos movimientos comparten rasgos que autorizan a establecer un parentesco directo con lo que tradicionalmente ha sido el pensamiento de izquierdas. Son nuevas versiones del discurso de la emancipación, de la igualdad, de la suprema y eterna aspiración a la libertad, la dignidad y la felicidad del ser humano, surgidas en una sociedad que se ha vuelto sensible ante situaciones de opresión que antes toleraba o que no se habían puesto suficientemente de manifiesto. Con ello el espacio ideológico y político de la izquierda experimenta simultáneamente un doble proceso: de ampliación por la emergencia de nuevas causas y de fragmentación en redes especializadas en su defensa.

Ante este fenómeno las organizaciones políticas y sindicales que han polarizado la izquierda tradicional no han adoptado todavía una estrategia convincente. Portadoras de un discurso más omnicomprensivo e integrador que el de los nuevos movimientos, pero fundado en presupuestos éticos similares, no encuentran grandes dificultades para incorporar a su acervo ideológico las nuevas propuestas, pero conscientes de que son de producción ajena y con poco o ningún entusiasmo a la hora de traducirlas en políticas concretas. Por otra parte no pueden aspirar a encauzar ese nuevo caudal de energía en refuerzo de sus propias posiciones, a pesar de su creciente retroceso. En primer lugar por la simple evidencia de que no representan a ese extenso mosaico social que opera lejos de su órbita. Obra en su contra, además, la espiral de descrédito que producen los reiterados escándalos ante la conducta pública y privada de tantos dirigentes. Pero incluso aunque lograran hacerse perdonar sus fallos éticos, saben que no es fácil pedir aliento para su pesado ejercicio de continuo pragmatismo, que con harta frecuencia las pone bajo sospecha a ojos de los nuevos movimientos.

Se encuentran, unos y otros, ante el dilema de la competencia o la colaboración. Pueden hallar puntos de encuentro, puntuales o estratégicos, que se traducen en avances políticos y morales indiscutibles, tal como muestran en nuestro país el reconocimiento de nuevos derechos civiles a los homosexuales y en casi todo el mundo los avances en legislación medioambiental o contra la desigualdad de género. Pero también pueden hacerse patentes los desencuentros, tal como acaba de mostrar la sucesión, en el breve plazo de dos semanas, de las manifestaciones del 1 y del 15 de mayo. Las dos han exteriorizado reivindicaciones comunes, pero envueltas en discursos diferentes. Los sindicatos, fieles a su misión, nos han propuesto una acción decidida pero defensiva, de refuerzo a sus negociaciones con gobierno y patronal, guiada por la finalidad de minimizar los daños con que nos amenaza la crisis. Las organizaciones y personas de la plataforma Democracia Real Ya también han aireado reivindicaciones y medidas parciales, pero más que insinúan la necesidad de todo un proyecto de refundación del sistema político y económico. Cuando los medios de comunicación recordaban el primer año cumplido desde el radical giro social y económico impuesto a y por el gobierno, el pasado 1 de mayo ha sido uno de los que menos gente ha echado a la calle en los últimos lustros. En cambio el 15 de mayo, estridentemente silenciado hasta después de su celebración, salvo por quienes han seguido sus consignas en Internet, ha hecho cuajar la sensación compartida de que se ha producido un punto de inflexión, un antes y un después.

Sin duda es pronto para evaluar su alcance futuro. Pero que miles de personas, jóvenes en su mayoría, hayan prestado tan desigual atención a ambas convocatorias da que pensar. Sobre todo a quienes nos sentimos de izquierdas y hemos entregado una parte importante de nuestra existencia en la militancia en partidos políticos y sindicatos. Ahora sabemos no sólo que no somos mejores, ni más listos, ni más eficientes. Ni siquiera somos más, aunque el censo de afiliados a nuestras organizaciones pretenda afirmar lo contrario.

Por eso deberíamos hacer una profunda cura de humildad. Empezando por un trato con esas nuevas organizaciones sin pretensiones de que nos respeten canas ni cicatrices, de igual a igual, sabiendo que nos mueve un propósito que sólo tendrá visos de materializarse con su energía y quizás con nuestra experiencia.

Para ello, además, hay que estar dispuesto a bajar del pedestal tradiciones organizativas y culturas políticas que ya no son de este siglo. Partidos y sindicatos siguen viéndose a sí mismos como la encarnación colectiva de los intereses de masas y clases. Pero esas masas y clases han sido enterradas por individuos y grupos con identidades fuertes, que contribuyen más que nadie a que nuestras sociedades no terminen enteramente hundidas en un magma de indolencia y de cinismo. Si nuestros dirigentes (políticos sobre todo, pero también sindicales) pretenden mantener su aspiración a la erre de representación, deben asumir con todas las consecuencias la erre de responsabilidad, no ante sus propias organizaciones y burocracias, sino ante el vasto y plural universo de personas cuya confianza reclaman.

Por su parte, los nuevos movimientos deberían ser persistentes en una idea que, hasta el momento, se deduce de las declaraciones de unos jóvenes portavoces que ofrecen envidiables muestras de cordura. La idea de que la democracia, y con ella las organizaciones políticas y sindicales, son siempre perfeccionables pero imprescindibles. Es lógico que cunda en su seno la desconfianza y el desprecio hacia lo que perciben como un aparato institucional insensible a nada que no sea su propia autorreproducción. Pero hay que evitar que esa desconfianza se disuelva en una nueva e inoperante muestra de desafección, que a largo plazo sólo puede beneficiar a esa emergente ultraderecha europea que vuelve por sus fueros.

La democracia y sus instituciones no son un artificio dado para siempre y concebido para dulcificar la opresión. Son un proyecto en permanente construcción, que apela siempre a nuestra creatividad para incrementar su calidad, para hacerla más habitable, sostenible y resistente ante las amenazas que se ciernen sobre su estabilidad, sin perder de vista que sus únicos e inmutables cimientos son ese cuadro de valores, la libertad, la justicia social y la igual dignidad de todos los seres humanos, que hace más de dos siglos quedaron labrados en el frontispicio de un periodo excepcional en la historia de la humanidad. Que podamos prolongarlo en beneficio de generaciones venideras dependerá en gran parte de nuestra capacidad de construir grandes acuerdos en el seno de esa vieja y renovada izquierda plural.

La doble vara de medir del magistrado Raposo

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El juez que negó el amparo a Sainz amenazó a funcionarios al no pasar su coche la ITV en 2004

La Voz de Asturias. 16/05/2011 / PILAR CAMPO OVIEDO

Una doble vara de medir es la que ha mostrado, en su trayectoria profesional, el juez José Manuel Raposo. El titular del juzgado de primera instancia 3 de Oviedo, que denegó el amparo a la concejal socialista Paloma Sainz en su demanda de protección al honor contra el concejal popular Jaime Reinares ante las graves acusaciones vertidas contra ella y su marido, el ex director del Idepa, Víctor González Marroquín, por su gestión en la empresa Venturo XXI, es el mismo que reclamaba para sí mismo una indemnización de 60.000 euros al Tribunal Supremo (TS) -que fue rechazada el año pasado- por el perjuicio que la “inusitada publicidad” que su caso había tenido en los medios de comunicación le había provocado en 2004.

 

Reinares acusó al matrimonio Marroquín-Sainz de haber “saqueado las arcas públicas” y Raposo no sólo le dio la razón sin apreciar nada injurioso en las palabras del edil, sino que fue más allá y censuró la actitud de la pareja. Por el contrario, sí consideró una intromisión en su honor que en 2004 la prensa regional y nacional se hicieran eco de las amenazas que,en su calidad de juez de Castropol en aquella fecha, había dirigido hacia el inspector jefe de la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) de Jarrio (Coaña), Celestino P. R., al que había exigido el pago de 18.000 euros en una cuenta bancaria a su nombre por los inconvenientes que le había causado que su vehículo, con una antigüedad de 26 años, no hubiera pasado la preceptiva revisión a la que había sido sometido. Amparado en su condición profesional, Raposo había enviado una carta, con membrete oficial del juzgado, a Celestino P. R. donde le advertía de que estaba en condiciones de garantizarle que “su vida dejará de ser algo agradable en los próximos meses e incluso años”, tras anunciarle toda una serie de acciones judiciales que emprendería, desde su juzgado, contra la empresa ITVASA y contra el operario que había detectado los defectos en su coche. Raposo culpaba de las filtraciones de su caso al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y reclamaba una indemnización. El Supremo la rechazó al sostener que cuando el CGPJ ejerce su actividad investigadora y sancionadora de comportamientos profesionalmente reprobables por parte de un juez o un magistrado son hechos “de verdadero interés público, que la ciudadanía tiene derecho a conocer”. El TS le recordaba, incluso, que la información que él censuraba estaba dentro de los límites constitucionales, pues se daban los requisitos de “veracidad, interés público, propocionalidad, y adecuada ponderación en relación con los derechos al honor, la intimidad, y la propia imagen”. Unos parámetros que él no tuvo en cuenta en la demanda de Sainz, al valorar cuestiones ajenas a las que la edil había planteado.

 

«Queremos sanidad, no coches blindados para los políticos»

«Queremos sanidad, no coches blindados para los políticos»
15.05.11 - 02:18 -
Julián González Sarasúa (Bilbao, 1946) llegó a trabajar al HUCA hace 31 años y hace menos de un mes que se jubiló. Como los de Bilbao son de donde les apetece, el ya exjefe del Servicio de Cirugía Plástica del HUCA se declara «gijonés de pura cepa», porque en Gijón es donde vive y disfruta de la vida: «Te das un paseo por Deva y te quedas nuevo. Vivir en Asturias es un privilegio del que, a veces, no somos conscientes». Y, como dice lo que quiere decir, defiende que «hay un divorcio claro entre la sanidad y la política».
-Los que están menos encantados que usted son los hospitales concertados de Gijón: Jove y Cruz Roja.
-Es necesario que Cabueñes asuma los pacientes que debe asumir y ellos, los que les corresponden. Y para eso se necesitan fondos.
-¿Y qué pasa con los retrasos de la unidad de hemodinámica del Hospital de Cabueñes?
-Todo lo que sea mejorar la atención a los pacientes es fundamental. A los ciudadanos no nos preguntan cuáles son nuestras prioridades. Y pasan por tener buena sanidad. No porque el político se compre un coche blindado.
-No lo veo jubilándose del todo.
-Ese es otro privilegio. No es que tuviese ganas, porque el trabajo siempre me ha gustado muchísimo. Para mí trabajar no ha sido ninguna calamidad. La diferencia entre trabajo y profesión es que en un trabajo te remuneran y ya está y en la profesión llegas a casa y sigues con ella. Y yo me considero un profesional.
-Se retira por la puerta grande, con una investigación en la que ha logrado curar úlceras a los pacientes parapléjicos incluidos en un ensayo clínico con células madre de médula ósea. A lo grande.
-A lo grande ha sido la emoción con la que me ha despedido la gente del hospital. Esto otro no es más que la continuación de un trabajo inicial que yo no he hecho: que ha hecho el doctor Otero, Chus Otero. Un hombre muy competente. Va a ser una pena que se jubile, porque es un fuera de serie. Yo solo he colaborado con él.
-¿En qué consiste exactamente su descubrimiento?
-Hemos puesto a punto una técnica pionera en el cierre de las úlceras de presión de los parapléjicos. Las escaras. El tratamiento clásico de las úlceras en los parapléjicos es muy agresivo. Esto, en cambio, es una cirugía menor que funciona muy bien. Es muy sencilla y es un éxito. Les tenemos boca abajo 21 días, pero yo estoy convencido de que se sellan en dos semanas. Estoy convencido de que tiene muchísimo futuro.
-¿Su proyecto se parece al que desarrolla Vizoso en Jove?
-Son similares, pero en terrenos diferentes. Él trabaja con células uterinas y las nuestras son de médula ósea. Y también es diferente el componente de la financiación: Otero se mueve con becas y Vizoso necesita financiación privada. Aunque todo se superpone. En Medicina se trabaja a base de pequeños escalones. Vas cogiendo los últimos avances.
-¿Qué hay de su especialidad? ¿Cómo ha evolucionado?
-La demanda que tiene la cirugía plástica era totalmente insospechada hace veinte años.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, la cirugía bariátrica. ¿Quién iba a pensar que íbamos a hacer las secuelas de la cirugía de la obesidad, como arreglar los faldones de piel y quitar la grasa? Nadie. Pues lo tenemos ahí. O todas las secuelas de la cirugía oncológica. Hoy hacemos toda la reconstrucción de mama, que no es que no se hiciese antes, pero no se hacía tanto. El aumento de la demanda ha sido espectacular.
-¿Se ha frivolizado la cirugía?
-Lo que se ha frivolizado es la cirugía estética, no la cirugía plástica. Y no es frívola en absoluto.
-¿Qué me dice de las niñas de 16 años que piden un aumento de pecho como regalo de cumpleaños?
-Eso sí que se ha banalizado. Se han banalizado los riesgos quirúrgicos porque la información que se ha dado ha sido totalmente tergiversada. Y se piensa que meterse en un quirófano es una tontería. O no se piensa en cómo va a ser la evolución de unas prótesis mamarias dentro de treinta años en una chica.
-Poco antes de irse, recuperó la Asociación Profesional de Facultativos, crítica con la Administración.
-Sí. Por principio, yo soy crítico con la Administración. Creo que la sanidad es algo absolutamente necesario para el individuo y que se trasladan mal los beneficios que tiene la sanidad tal y como la conocemos. Y, sin embargo, el político la utiliza en su propio beneficio. 
-¿Cómo se come eso?
-A la gente no se le dice que la sanidad cuesta un dineral. Todo el mundo piensa: «Yo tengo derecho a». Pero a la gente no se le dice: «Sus derechos se mantienen gracias a todos los individuos. Y hay muchísima gente que paga diez veces más que usted para que usted tenga un determinado tratamiento». Es decir: si yo soy consciente de esta solidaridad con el vecino, probablemente asuma que el gasto sanitario debe estar mejor controlado. Lo que pasa es que el político no se moja y no le dice al paciente: «Le vamos a operar de lo que es estrictamente necesario para su salud. De lo superfluo, no queremos saber nada». Si comprendemos que la sanidad es una prueba de solidaridad, el copago no será necesario.
-Quirós se ha hartado de decir que hay que controlar el gasto y parece que lo ha conseguido.
-Quirós es un hombre que desconoce la vida del hospital. Punto. Es así. Yo no sé quién es Quirós. Ni él sabe quién soy yo. Yo no sé lo que hacía ni él lo que hacía yo. Pero yo sí sé lo que hacen todos mis compañeros, que son 800. Y, si sumamos todos los hospitales, somos miles. Pero yo no sé la experiencia previa de Quirós de la profesión. No sé si se relacionaba con 10 o con 12. Yo me relacioné con miles.
«Mi Medicina es barata»
-¿Es un problema de humildad?
-Es un problema de que, cuando a un médico lo ascienden a cargo directivo, automáticamente le cambia el chip. Ya empezó la legislatura con aquello de que teníamos que ir cagados a trabajar. Y yo esas cosas no las olvido. Y no las olvido porque eso supone que ese hombre, de mí, tiene un mal concepto. Ya está. Es un político. Pero eso no le da competencia. Sencillamente, no tiene las mismas aspiraciones que yo. Yo soy un profesional y quiero que tú tengas salud. Y además considero que la Medicina que yo hago es barata. Y que, además, es de primera. Y como la mía, la de la gran mayoría de mis compañeros.
-Defiende la excelencia.
-Es que la excelencia profesional, el conocimiento combinado con una buena aplicación técnica, es absolutamente necesaria. Tienes que ser competente porque, si el paciente tropieza con un incompetente, su enfermedad se convierte en una tragedia. Y, si yo voy detrás de la excelencia, me da igual el dinero que cueste. Es mi obligación.
-¿Tendremos que acostumbrarnos a los recortes?
-El consejero de Sanidad madrileño, Güemes, puso a parir a los médicos. Es otro Quirós. Y luego salió a decir que la Administración debería retirarse de la sanidad. Estos hombres, cuando abandonan la sanidad, entran en la incongruencia. Yo no he visto que los políticos, cuando terminan su ciclo, hagan algo que merezca la pena. El que hace algo que merece la pena es el que está trabajando duro en el hospital, que es el que va cagado a trabajar. Yo, como ciudadano, no admitiría los recortes. Pero la mayoría de los políticos son incompetentes para su cargo.
-Ya no verá el traslado al nuevo HUCA. ¿Cómo irá?
-Va a ser un lío porque es un cambio total. Tanto de la filosofía de trabajo como tecnológico. Es un hospital para menores de 50 años. Los que tengan más, lo van a pasar mal. En un hospital, si hacemos las historias mirando al ordenador y no al paciente, adiós al trato humano.

El escándalo de las mutuas patronales

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Vicenç Navarro |

Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra

nuevatribuna.es |

 La mayoría de la ciudadanía no conoce ni está informada sobre las Mutuas Patronales de Accidentes y Enfermedades Laborales, que tienen un enorme poder. Sus decisiones afectan al bienestar y calidad de vida de la mayoría de la población trabajadora en el país. Son mutuas establecidas para compensar a las familias de los trabajadores que mueren en accidentes laborales, o quedan incapacitados temporal o permanentemente como consecuencia de aquellos accidentes, o enferman como resultado de causas laborales. Se financian con aportaciones empresariales que, en realidad, son aportaciones basadas en las rentas del trabajo originadas en la empresa.(leer más)

El fascismo de hoy puede que haya cambiado su rostro duro y abominable por otro dulce, campechano, amable… pero esa imagen sólo es válida para los miopes.

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El fascismo cotidiano

Por Orencio Osuna en nuevatribuna.es

A diario asistimos con estupor e indignación al crecimiento de un rampante y posmoderno fascismo en Europa. Produce escalofríos de miedo (como cuando contemplamos las secuencias de horror de “El Resplandor” de Kubriks) advertir como la xenofobia, el ultranacionalismo y el supremacismo, étnico, religioso y cultural va capturando espacios en la sociedad civil y en el estado, en todos y cada uno de los países europeos. Parecía que Europa tras la devastación apocalíptica de la 2ª.Guerra Mundial había firmado un definitivo “Nunca Mais” al fascismo, pero lo cierto es que cada día recibimos noticias de que el monstruo renace -cual ave Fénix- de sus cenizas. Quien crea que se trata de una hipérbole no conoce la historia e ignora las sabias palabras de Marx: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.” Carlos Marx (En su libro “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”).

Es cierto que la galería contemporánea de personajes estrafalarios que representan al criptofascismo versión 2.0 europea ( los Le Pen, Bossi, Soini, Wilders, Kjaersgaard, Orban, Thaçi o Kaczynski ) no son meros imitadores de los Mussolini, Hitler, Antonescu, Franco, Petain, Salazar, Horthy, Quisling y demás abyectos caudillos.

Pero es imposible no oler el tufo de los huevos de la serpiente fascista en esa Hungría que, en su nueva constitución, encomienda "a Dios la Corona de Hungría, el orgullo patrio, la cristiandad y la familia tradicional"; en esa Finlandia que unos tipos denominados Finlandeses Auténticos ( o de Base, como precisa algún experto en la lengua finesa) que pregonan que los finlandeses pagan las fiestas y el vino de los vagos meridionales y que los emigrantes son violadores “per se”; en la católica Radio María polaca y el gemelo Kaczynski, embarcados en la divulgación de una teoría de la conspiración más delirante aún que la del 11-M español para incitar el odio contra Rusia; o esos italianos habitantes de esa Ciudad Invisible (como las ciudades inventadas por Italo Calvino) llamada Padania por la protofascista Liga Norte que-entre bunga-bunga, velinas y cohechos -quisieran hundir las pateras atestadas con los nuevos “terrone” tunecinos y libios, además de liberarse de la “insoportable carga” de la solidaridad fiscal con el “mezzogiorno” poblado de gandules y de esa “Roma ladrona, la Lega no perdona”; qué decir de la propuesta, plena de “grandeur” republicana, del “petit” Napoleón que pretende penalizar a las 1900 mujeres musulmanas que usan el horrible burka en Francia, insulta a los jóvenes parados de la “banlieu” llamándoles “racaille” (escoria) y, ya de paso, prohibir el rezo en la vía pública (se supone que a los musulmanes), medida que, por otro lado, nos permite apreciar en España la libertad de que goza la Iglesia Católica cuyos feligreses rezan dónde y cómo les pluge, en la vía pública y dónde consideren conveniente; o ese el neanderladés, Wilders, capaz de proponer la prohibición del Corán, deportar a los “terroristas” callejeros marroquíes y de “raza” negra (incluidos los cristianos de raza negra, se supone); o esos otros suizos, tan amantes de la democracia directa, que mediante referendo (son tan demócratas que hasta 1971 no permitieron votar a las mujeres) votan la prohibición de los minaretes, quizás porque podrían perturbar las plácidas vistas de los megamillonarios que pacen en tan regio lugar arrellanados sobre sus negrísimos botines.

En España -tan europea como los que más- también podemos auscultar el latido de ese fascismo de nueva planta detrás de situaciones como la campaña contra el doctor Montes protagonizada por la radio de la Conferencia Episcopal y por el remunerado calumniador (dígase al menos cinco veces a título descriptivo) Miguel Ángel Rodríguez Bajón; o en esos ideólogos tipo Aznar que se pasan el santo día cobrando honorarios por ser el látigo universal del Islam antidemocrático y filoterrorista a la vez que hace gracietas sobre los valores de los progres, sindicalistas, comunistas, socialistas, ecologistas y demás gente de mal vivir a dúo con ese inefable personaje que es Mayor Oreja (al que, como se decía en un espectáculo del director teatral José Antonio Ortega: no hay que prestarle mayor oreja).

Hay quien sostiene que los brotes verdes del fascismo -sin negar su importancia- no son mas que patologías secundarias de la crisis económica y social que ha provocado la Gran Recesión pero que a, pesar de todo, el proyecto europeo se asienta en sólidos pilares democráticos y de convivencia pacífica. Bueno, vale, pero resulta muy poco consolador ese diagnóstico ya que, precisamente, fue crisis política/económica/social/ de la Gran Depresión de los años 30 la que estuvo en el origen del nazi/fascismo.

Resulta poco tranquilizador que, de nuevo, se repitan- ahora sí en forma de farsa- los mismos ingredientes en los que se fraguó el fascismo: una pavorosa crisis económica (paro, inflación y aumento de las desigualdades); el fantasma de una quinta columna que socava “nuestro modelo de vida” (el Islam y los inmigrantes, en vez de los comunistas y los judíos, aunque los gitanos repiten); un ultranacionalismo etnicista, fanatizado y ridículo (el norte contra el sur, los países -y regiones- ricas contra los pobres y haraganes); símbolos religiosos y folclóricos como fórmula de cohesión identitaria (que prevalecen sobre unos valores comunes de ciudadanía); sometimiento de las instituciones y los recursos del estado a los intereses de las grandes corporaciones (el viejo rollo de los oligarcas que en el mundo han sido del “too big to fail”, que quiere decir en “roman paladino” : cuando hay pérdidas en la empresa que las pague el maestro armero del erario público y cuando hay beneficios nos los trincamos nosotros que para eso son nuestros).

El director soviético Mikhail Romm filmó en 1948 “El Fascismo Cotidiano” la más inteligente y profunda reflexión sobre el horror genocida que había nacido en las entrañas de Europa y devastado medio mundo. El documental nos narra como la ascensión del fascismo en las sociedades europeas no tuvo un solo “Triunfal día D”, sino que su triunfo se labró en la conquista diaria, palmo a palmo, medida a medida, golpe a golpe, de la sociedad civil y del Estado durante años.

Gran parte de la civilizada Europa de entreguerras abrazó con suicida entusiasmo el saludo romano y los correaje paramilitares; una multicolor gama de camisas negras (Italia, Inglaterra, Finlandia), pardas (Alemania), azules (España, Portugal, Francia, Irlanda), verdes (Hungría, Rumania), vistieron a millones de personas; un inmenso aquelarre de cruces y símbolos medievales: esvásticas, malta, celtas, escandinavas, ortodoxas, calatravas, aspas, caravacas, latinas, santos griales, águilas, leones rampantes, yugos y flechas cubrió de trascendencia sobrenatural los crímenes que se perpetraban; las seudoteorías racistas hacían furor dado que proclamaban como verdad científica la supremacía del hombre blanco (no está claro si se incluía en esa categoría a la mujer blanca) como pretexto del rapaz colonialismo e imperialismo; una rabiosa identidad nacionalista nutrió la xenofobia genocida contra el vecino, el extraño y la otredad; la literatura, el pensamiento, el cine o cualquier expresión artística que no se alinease con el fascismo emergente acababa en la hoguera de las nuevas y viejas inquisiciones o en los calabozos de las mil gestapos.

Muchos de los actos de ese “crecendo”, tomados uno a uno, fueron considerados en sus época como ponzoñosos pero no letales para el modelo de convivencia imperante en la feliz Europa de ese tiempo (tan bien descrita por Stefan Zweig en “El Mundo de Ayer”). Quizás algunos solo vieron en cada uno de los acontecimientos de ese tiempo una acumulación de banalidades.

Hannah Arendt cuando asistió al proceso de Eichman en Jerusalén en 1948 escribió sobre la naturaleza banal del mal, es decir que los actos criminales, como los campos de exterminio, fueron ejecutados mediante técnicas organizativas meticulosas, rutinarias y con formas administrativas comunes llenas de albaranes y papeleo. El propio Eichman era un burócrata eficiente y gris muy lejos de ser un superhéroe del mal tipo Darth Váder o el Joker de Batman, es decir, ese supercriminal era un hombre banal, un hombre cualquiera. Esa reflexión de Hannah Arendt fue criticada en su tiempo por los que creían que para combatir el mal era más conveniente identificar a los asesinos como demonios deshumanizados en vez de asesinos de carne y hueso.

Hoy nos puede ser más útil el pensamiento de Arendt que el de aquellos que sólo ven el abominable rostro del fascismo con las anteojeras del pasado y sufren de miopía aguda ante los modernos y campechanos rostros de los nuevos “duces” y sus políticas de odio y división. Esos banales y modernos políticos que se abren paso como alternativa a la Gran Recesión ante el estupor y la impotencia de la izquierda europea.

Análisis y previsión del futuro inmediato…

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La creación de empleo está lejos

03/05/2011, La Voz de Asturias

De acuerdo con la Contabilidad Regional elaborada por el INE, nuestra economía creció en 2010 un 0,3% mientras que el conjunto de la economía española aún registró un crecimiento negativo. El determinante clave de este mejor comportamiento de la economía asturiana fue el conglomerado energético industrial que creció un 3,4%.

Este crecimiento sectorial supuso una aportación del crecimiento global de la región de 0,9 puntos porcentuales que, sumados a los 0,4% aportados por los servicios, permitieron compensar ampliamente la contribución negativa de la construcción, -0,7%, y situar a Asturias entre las siete economía que alcanzaron tasas positivas de crecimiento en 2010: Cantabria, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco. Para 2011, es probable que, si no hay sorpresas en el mercado financiero ni en el energético, el valor añadido bruto (VAB) asturiano se incremente en un 1% que superará el 0,6% previsto para la economía española.

A pesar de todo, estas tasas de crecimiento del VAB regional, aunque son importantes porque indican que Asturias ya superó la recesión en 2010, son muy pequeñas para favorecer el crecimiento neto del empleo pero si es suficiente para frenar el ritmo de amortización de puestos de trabajo. Así el número de ocupados descendió un 7% en 2009, un 3,8% en 2010 y es muy probable que en este año se reduzca en un porcentaje mucho menor, un 1%, y que este proceso destructivo se termine en 2012 dando lugar a una creación neta de empleo de un 0,5%, más o menos.

Esta crisis ha mostrado que el punto fuerte de la economía asturiana es la industria y, en particular, las ramas más competitivas como la metalurgia o la fabricación de productos no metálicos. No obstante, la buena noticia es que también se están comenzando a registrar buenos datos en ramas hasta ahora más rezagadas como fabricación de productos metálicos, industria del papel y artes gráficas. Por el contrario, los servicios están revelando debilidades que ya se vislumbraban antes de la crisis. Estas debilidades de los servicios se sitúa fundamentalmente en el comercio y el transporte que adolecen de problemas de competitividad y su ineficiencia la padecen todos los demás sectores regionales.

Sencillo y claro…

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¿Por qué el paro no deja de crecer en España y qué remedio tiene?

Por Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC.

Antes de salir a la manifestación del 1 de Mayo en Sevilla (una de las dos que lamentablemente hay) no me resisto a hacer un breve comentario sobre las razones que hacen que en España se sigan destruyendo casi 3.000 empleos diarios.

En mi opinión, las causas fundamentales del elevado desempleo español son las siguientes:

1. Las grandes empresas (antes españolas y algunas ahora multinacionales como Telefónica) han encontrado un filón de beneficios extraordinarios en el mercado global (muchas de ellas gracias a la dimensión y a los recursos que habían adquirido previamente como empresas públicas españolas) y se han desentendido del mercado interior. Así, y a pesar de obtener ganancias multimillonarias, no solo no crean más empleo aquí sino que lo destruyen (como Telefónica que gana 10.167 millones de euros y quiere desprenderse del 20% de su plantilla española.). Además, como una parte del empleo que despiden lo sustituyen por otro más barato subcontratado (gracias a las permisivas leyes laborales aprobadas con la excusa de que con ellas se iba a crear empleo) de esa manera reducen la masa salarial total, de modo que disminuyen la demanda global de la economía.

2. En los años anteriores, la financiación y las condiciones de promoción económica y fiscales más privilegiadas se dedicaron a empresas vinculadas a la construcción en el marco de una gran burbuja inmobiliaria que proporcionaba cientos de miles de millones de euros de beneficios a promotores, constructores, bancos y especuladores de todo tipo. Crearon muchos puestos de trabajo pero cuando la burbuja estalló se perdieron casi todos ellos.

3. Los bancos se han dedicado en los últimos años a financiar preferentemente el negocio inmobiliario dentro y fuera de nuestro país. Para ello, recurrieron también a endeudarse en otros bancos extranjeros. Gracias a que en España disponen de condiciones muy privilegiadas por su gran poder político proveniente de la dictadura, y a que la necesidad de crédito es mayor aquí por nuestro menor nivel de renta, los bancos españoles obtenían muchos más beneficios que los de su alrededor pero no los utilizaron para financiar el desarrollo de un modelo productivo sostenbile y generador de empleo suficiente y de calidad sino, como he dicho, el del negocio inmobiliario.

4 Cuando la crisis financiera y el estallido de la burbuja les afectó los bancos cerraron el grifo del crédito. Luego, cuando fueron “salvados” con dinero público. en lugar de empezar a financiar a las empresas que crean empleo se han dedicado a seguir especulando o a comprar deuda. El resultado fue que la construcción se vino abajo, y con ella el empleo que generaba, y que las demás empresas dejaron de poder financiarse como antes.

5. Las empresas que crean empleo en España son las pequeñas y medianas y éstas están ahogadas porque no disponen de financiación suficiente. Además este empleo que crean (casi el 90% del total del que se genera en nuestra economía desde hace años) lo pueden generar principalmente en función de la demanda que hay en el mercado español porque sus clientes no son empresas de Méjico o de Brasil, o de India o China, de Estados Unidos o Dinamarca, sino consumidores u otras empresas españolas que pueden comprarles sus productos según la renta de la que dispongan.

6. Por eso, la disminución continuada del poder adquisitivo de los trabajadores y de los ingresos de los autónomos y de los pequeños y medianos empresarios (cada vez más ahogados por las grandes empresas que les imponen condiciones leoninas) es lo que reduce el negocio de estas empresas sobre las que descansa casi el 80% del empleo español y la creación del 90% del empleo nuevo que se crea.

7. El mercado laboral español tiene además algunos problemas importantes. No hay un buen equilibrio entre la formación de la mano de obra y las demandas de las empresas, no hay suficiente movilidad (fundamentalmente porque apenas hay mercado de viviendas de alquiler), las condiciones de negociación son muy asimétricas y las grandes empresas (tipo Telefónica, El Corte Inglés, grandes bancos….) prácticamente pueden imponer cualquier condición de trabajo (becarios, prácticas abusivas, temporalidad…). Pero ninguna de estas circunstancias son causantes del desempleo, tal y como dicen los neoliberales. En todo caso, favorecen el gran poder de las grandes empresas que actúan como he mencionado en los puntos anteriores.

8. La causa del desempleo en España es, en definitiva, que la demanda existente se canaliza hacia la actividad de las grandes empresas globales gracias al poder que estas tienen y hacia la financiera. Así, obtienen grandes beneficios pero a costa de llevar a cabo una actividad insuficiente para generar el empleo que se necesita. De hecho, han sido esas grandes empresas y la banca las que más empleo han destruido, mediante despidos o prejubilaciones, en los últimos años.

9 Por lo tanto, lo que se necesita para crear empleo en España es:

a) Poner más ingresos y financiación a disposición de las empresas que orientan su actividad hacia el mercado interior, favoreciendo y facilitando su actividad mediante normales legales e incentivos adecuados.

b) Potenciar la creación de pequeñas y medianas empresas, privadas y de carácter social y cooperativo en ese tipo de actividades vinculadas al mercado nacional.

c) Aumentar el ingreso de los trabajadores.

d) Disponer urgentemente de la financiación que necesitan las empresas para poder poner en marcha sus planes de actividad que creen empleo. Como ya se ve que eso no lo hace la banca privada es urgente nacionalizar las cajas de ahorro, crear banca pública y someter a los bancos privados restantes a severas condiciones de uso de los recursos financieros en función de lógicas de servicio público.

e) Aumentar la capacidad de intervención del Estado mediante una reforma fiscal que proporciones recursos para poner en marcha lo anterior y que desincentive y penalice la actividad parasitaria de las grandes empresas y de la banca.

f) Y, puesto que las privatizaciones de las antiguas empresas públicas no tuvieron otro objetivo que facilitar su inserción en los mercados globales en las condiciones antisociales y muy onerosas para España y su economía que he comentado, hay que preparar una estrategia orientada a recobrarlas para que vuelvan a pasar a ser de todos los españoles.

En definitiva, se trata de abordar un mal resolviendo las causas que lo han provocado. Lo demás, dedicarse a hacer reformas que solo aumentan el poder y los beneficios de las grandes empresas y de los bancos (los que sentó Zapatero a su mesa para “salir de la crisis) solo nos lleva a donde estamos. Con todos mis respeto, hay que ser muy tonto (o muy cínico o cómplice) para no verlo.