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OPINION

Hay que odiar mucho a Zapatero para resignarse a Rajoy

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El Presidente no convence y en su reencarnación como mago de la economía juega a desligar la crisis del paro

Lne.es » España MATÍAS VALLÉS

Zapatero se expresa en el debate del estado de la nación como si ignorara a España, Rajoy como si la despreciara -«nuestra decadencia»-. Refugiados detrás de una barricada de números, los dos líderes cuya retirada debió simultanearse demostraron ayer por qué un etéreo 15-M les arrebata el protagonismo con facilidad pasmosa. «¿De qué presume usted?», plantea el presidente del PP antes de jactarse de la herencia que Aznar dejó a los socialistas. Curioso discurso, en boca del ministro del Interior bajo cuyo mandato se incubó el 11-M.

 

Muy fuerte ha de ser el odio a Zapatero, para resignarse a Rajoy. Se ha hecho realidad la sentencia que Ezio Mauro -director de «La Repubblica»- dedicó a Berlusconi, «la flauta ha dejado de sonar». El presidente del Gobierno fue el hábil flautista de Hamelín que cautivó a la ciudadanía con recursos limitados. Ahora el Estado le ha nevado sobre la cabeza, y al presidente popular le basta con entonar las cifras del paro sin variar apenas de diapasón.

 

Rajoy no aparece convincente ni cuando reclama las elecciones que está condenado a ganar. Para descalificar a Zapatero, proclama que «la confianza es indispensable». Según el CIS que invoca el propio presidente del PP, la mayoría de sus votantes desconfían de él. Simplemente, se conforman desesperanzados. El propio Rajoy admite la inestable plataforma desde la que concreta sus pretensiones, al confesar que los ciudadanos no demandan «tanto quién gobierna» como a quién le trasladan el poder. Y piensa, erróneamente, que no hay una tercera posibilidad. En realidad, le convendría sustanciar sus virtudes antes de llegar a la Moncloa.

 

Cuando se aparta de las cuartillas donde lee hasta el «buenas tardes», Rajoy muestra una deriva peligrosamente antidemocrática. Así, cuando sentencia que al frágil Zapatero «no le ampara más que la ley», liquida de un plumazo el estado de derecho, cuando sería más correcto precisar que la continuidad hasta marzo del Gobierno viene avalada «nada menos que por la ley».

 

Las prevenciones que suscita Rajoy no mejoran el predicamento de Zapatero, porque la pérdida del deseo político es irreversible. Un gobernante se halla en posición desesperada cuando utiliza la expresión «entre todos». Salió de labios del líder socialista inasequible al desaliento, ajeno a la escasa sensibilidad de los mercados hacia las visiones ecuménicas. Al presidente ya no le funciona ni el homenaje a los soldados del ejército hispanoamericano de España heridos y fallecidos en Afganistán, porque inspira la réplica inmediata: ¿qué hacen las tropas en esa guerra de nadie? Y no articula una respuesta convincente.

 

El debate de la nación española se disputaba simultáneamente en Madrid y Atenas, porque el comportamiento heleno puede ser más decisivo que la monomanía de Rajoy para forzar un adelanto electoral. Zapatero se enfrenta a este desafío global con una borrachera de macroeconomía que pueriliza a la audiencia y lo aleja de los ciudadanos. Cuando habla de «esfuerzo contracíclico», obliga a consignar que ningún jefe de Gobierno del planeta se emplearía con esa arrogancia lingüística. Por emplear otro de sus latiguillos de lector apresurado de Paul Krugman, es una jerga de «difícil digestión».

 

En el PP, los discursos de candidato a la Moncloa corren a cargo de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, donde pormenoriza las cuestiones generales que escamotea Rajoy. Al abordar su fetiche vasco, el candidato conservador se refugia en un nebuloso «lo que ha ocurrido con Bildu». A continuación se desdice en que «puede ya haber sucedido». O sea, que no ha ocurrido «lo que ha ocurrido». Entretanto, se abraza en Cataluña al soberanista Artur Mas, que vota en los referendos por la independencia.

 

En su reencarnación como mago de la economía, Zapatero juega a desligar la crisis del paro con un serrucho, como si fueran las dos mitades de una doncella. Olvida que la crisis es el paro, y que las filigranas que traza para evitar el desempleo disparan el escepticismo. Ningún partido sobrevivirá en el poder con esas cifras, como bien saben en Estados Unidos. Tampoco cabe descartar que los excesos populares en la crítica al PSOE acaben por mermar sus pretensiones.

 

Zapatero no concedió baza a Rubalcaba, al proyectarse «después de las próximas elecciones, gobierne quien gobierne entonces». El Presidente se despidió de la fiesta parlamentaria al borde de las lágrimas. Se sabe depuesto y camino del martirio, con la ilusión de que la inevitable revalorización de su tarea le alcance en mejores condiciones físicas que a su admirado Adolfo Suárez.

 

Los enfrentamientos entre Rajoy y Zapatero pasarán a la historia por su frecuencia, ya que no por su calidad. Es posible que el líder popular que nunca ha ganado unas elecciones como cabeza de cartel -ni en el seno de su partido- carezca de sentido al despojarlo de su eterna pareja de baile. Dado que Rajoy insiste en labrarse otro futuro, habrá que precaverse contra sus ramalazos despóticos, véase el «¿Quién se ha creído usted que es?» dirigido no sólo al presidente del Gobierno, sino a cualquiera que se atreva a contradecir sus indefiniciones.

Ni expansión del gasto público ni devaluación del euro … ¡¡sin salida, luego recesión para largo…!!

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Por qué España no sale de la recesión
Por Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC.
¿Cómo un país sale de una recesión? Primordialmente a base de dos intervenciones públicas. Una es seguir políticas expansivas de gasto público que estimulen la economía mediante el crecimiento de empleo y aumento de la demanda de bienes y servicios. Las recesiones que existieron durante el siglo XX se resolvieron a través de grandes inversiones públicas, tanto en infraestructuras físicas como en transferencias y servicios públicos (sobre todo servicios públicos del estado del bienestar). Así, en EEUU, la Gran Depresión se terminó a base de una enorme expansión del gasto público –el New Deal y la II Guerra Mundial- que se invirtió en la infraestructura del país, en los servicios públicos y en el establecimiento del estado del bienestar (la creación de la Seguridad Social). Tal expansión del gasto público fue acompañada de un estímulo por parte del gobierno federal de EEUU a la sindicalización de la fuerza laboral como medida de estimular el crecimiento de los salarios a fin de aumentar la demanda. El estado federal no contrataba a ninguna empresa que no estuviera sindicalizada. La burguesía financiera e industrial estadounidense se opuso a cada una de estas medidas, atacando al Presidente Roosevelt, al cual definieron como “un traidor a su clase” (el Presidente Roosevelt procedía de una de las familias más ricas de EEUU), calificación que era motivo de orgullo por su parte.
La otra gran recesión (casi depresión) fue el fin de la II Guerra Mundial en Europa. El desempleo era masivo y las economías europeas estaban en una situación muy precaria. Las salvó una enorme expansión del gasto público, junto con el Plan Marshall, que estimuló la demanda y con ella la economía. Es más, la influencia de las izquierdas en los gobiernos europeos facilitó el aumento de los salarios y la notable expansión del estado del bienestar.
Ahora, sin embargo, se está intentando salir de la crisis a base de austeridad del gasto público, reducción del estado del bienestar y disminución de los salarios, todas ellas medidas que retrasarán todavía más el crecimiento económico y la creación de empleo. La evidencia de ello es abrumadora, siendo Grecia el caso más claro. A más recortes, mayor recesión, mayor déficit y mayor necesidad de endeudamiento. Las políticas que se están siguiendo en la Unión Europea son las contrarias a las que las economías necesitan para salir del agujero en el que se encuentran. Esto debería ser obvio para cualquier persona que mantuviera la capacidad de analizar la realidad económica sin estar imbuida por el dogma neoliberal promocionado por la banca, que es, por cierto, el único grupo fáctico que se beneficia de esta situación en que los países están profundamente endeudados. En realidad, toda la austeridad impuesta a los estados es para asegurarse que la banca no pierda su dinero prestado, y continúa recibiendo enormes cantidades de dinero como forma de pago de los elevados intereses de los bonos del estados, elevados como consecuencia de la percepción de gran riesgo que las agencias de evaluación de bonos (que son meros instrumentos de la banca) promueven. De ahí que todas las políticas de austeridad se justifiquen bajo el argumento de “dar confianza a los mercados financieros”
La otra intervención que un estado debe hacer para salir de la recesión es el cambio monetario. Es decir, que el país en recesión disminuya el precio de su moneda, con lo cual los productos y bienes que produce son más baratos y pueden exportarse más competitivamente. Ahí, el centro de la estrategia es hacerse más competitivo a base de reducir los precios, incluyendo el precio de la moneda. Así, cuando Argentina estaba en una profunda recesión en el año 2001, decidió abandonar su moneda desligándola de la paridad con el dólar que le había impuesto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como medida de garantizar los intereses de la banca y que habían tenido un impacto muy negativo en su economía, sumergiéndola en una profunda recesión, algo semejante a lo que le está pasando a Grecia. Cuando Argentina “salió del dólar”, los productos argentinos se abarataron y Argentina se recuperó, creciendo un total del 63% en seis años.
Ahora bien, esto no lo pueden hacer los países miembros de la eurozona, pues la política monetaria es responsabilidad del Banco Central Europeo, que en realidad es un lobby de la banca. De ahí que los países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) tengan un problema gravísimo, impuesto por la manera como funciona la eurozona y el control que las derechas (y la banca) tienen sobre tales instituciones. Por un lado no pueden seguir políticas expansivas, y por otro no pueden reducir el precio de la moneda para poder salir de la recesión. Es imposible que tales países puedan salir de la recesión a base de tales políticas. Así de claro.
La solución que dan las derechas es que, si no pueden reducir el precio de la moneda, deben reducir dramáticamente los salarios. Es lo que se llama la “devaluación doméstica”, lo cual contribuye todavía más a la recesión. Y así estamos. La situación actual, además de indignante, es insostenible.

LOS DEBATES QUE ABRE EL 15-M ... REPRESENTATIVIDAD

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Difícil democracia sin líderes

Los expertos dudan de la viabilidad de un sistema político en el que cada decisión tenga que ser refrendada por la asamblea

EL PAÍS 27/06/2011

El 15-M puso de relevancia la crisis de representatividad del sistema democrático pero ha acabado adoptando sus estructuras. A pesar de las deficiencias actuales, es necesario un cierto orden y también liderazgo

A ellos les cuesta aceptarlo, pero en más de una de las asambleas de la acampada de Sol reprodujeron los mismos esquemas que cuestionaban. Por ejemplo, cuando las comisiones se reunieron para planificar la manera de adelgazar el campamento y evitar así el desalojo y votarlo en la asamblea agitando las manos en alto. Una indignada de unos 45 años interrumpió una de esas discusiones con quejas sobre problemas de convivencia en la plaza hasta que otra compañera la reprendió: "Ciñámonos a lo que estamos debatiendo y, por favor, que hable un representante de cada comisión". Esta llamada al orden recordaba poderosamente a las del presidente del Congreso, José Bono, en las sesiones plenarias, (leer más)

Por Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC

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Las falacias del neoliberalismo

El monopolio del pensamiento económico por parte del neoliberalismo en España es casi absoluto. La falta de diversidad en los medios de información económica y en los medios de mayor difusión (tanto prensa, como radio y televisión) es abrumadora, lo cual explica que posturas claramente ideológicas, sin ninguna base empírica que los apoye, se presentan como verdades científicas sin que exista la oportunidad de cuestionarlas y mostrar su falacia o error. La impermeabilidad del dogma neoliberal a los datos es una de las consecuencias de un dominio casi total en la literatura económica, lo cual les permite sostener tesis altamente cuestionables o ampliamente erróneas sin haber sido sometidas a un escrutinio y debate con posturas críticas de la sabiduría convencional que reproducen.

Una de tales falacias es que la única manera posible de salir de la crisis en la que se encuentra España es a base de las políticas de recortes del gasto público social, reduciendo todavía más su escasamente desarrollado estado del bienestar. De esta manera se están imponiendo unos enormes recortes de tal gasto y del empleo público en el país que tiene el gasto público social (que financia las transferencias públicas –como las pensiones- y los servicios públicos –como la sanidad, la educación, los servicios sociales, las escuelas de infancia, los servicios de ayuda a las personas con dependencia, la vivienda social, entre otros-) más bajo de la UE-15, el grupo de países de la UE con semejante desarrollo económico que el nuestro. Y todo ello justificado con el argumento de que hay que reducir el gasto público social a fin de salir de la crisis. El “gran debate mediático” se centra, pues, en como recortarlo, y ello a pesar de la enorme evidencia que existe de que estas medidas son totalmente contraproducentes, tal como muestra lo que está ocurriendo en Grecia y en Irlanda, donde tales recortes están empeorando espectacularmente la recuperación económica. En realidad, lo que debiera hacerse es la expansión muy marcada del gasto público para estimular la economía y la creación de empleo.

El error argumental de la sabiduría convencional

Estos brutales (y no hay otra manera de definirlos) recortes se hacen para disminuir el déficit del Estado asumiendo erróneamente que tal reducción estimulará el crecimiento económico y la creación de empleo. El mecanismo por el cual lo primero (la reducción del déficit) llevará a lo segundo (el crecimiento económico y creación de empleo) es –según las tesis neoliberales- mediante la reducción de los intereses bancarios, es decir, el precio del dinero, lo cual, asumen los economistas neoliberales, facilitará el crédito; es decir los empresarios podrán conseguir más fácilmente dinero de los bancos e invertir más para crear empleo y los ciudadanos podrán también obtener préstamos y consumir bienes y servicios, y con ello estimular la economía creando ocupación. Tales autores también asumen que bajar los intereses quiere decir que el valor de la moneda –el euro, por ejemplo- disminuye y con ello los productos españoles y europeos son más baratos y pueden venderse más fácilmente, aumentando la competitividad de la economía española y de las economías de los países miembros de la Eurozona.

Miremos ahora los datos. Los intereses bancarios han sido muy bajos y, sin embargo, la economía está estancada, es decir, el crecimiento económico es muy bajo. ¿Dónde está la evidencia de que la bajada del déficit del Estado está estimulando la economía? El problema existente hoy en España no es que el déficit sea demasiado alto o que los intereses sean demasiado altos. El problema existente es que no hay suficiente demanda de bienes y servicios porque no existe la capacidad de consumo de la población, resultado de su excesivo endeudamiento (como consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional), causado, en parte, por el enorme crecimiento (9 puntos) del desempleo durante el periodo de crisis (2008-2011) el más elevado de la OCDE. Por otra parte, existe la dificultad de conseguir crédito debido a su falta de disponibilidad, resultado del deseo de los bancos de recapitalizarse, comprando deuda publica. Los bancos reciben dinero del Banco Central Europeo, a unos intereses bajísimos (1%) y con este dinero compran bonos del estado (que les proporcionan unos intereses del 6% al 12% o más).

De ahí que las políticas que tales economistas neoliberales están proponiendo y el gobierno (con el apoyo del PP) están realizando son profundamente erróneas y están provocando mucho dolor. Destruir empleo público quiere decir que, para que no tenga efecto económico, debe crearse en el sector privado un número igual al de empleos públicos destruidos. Pero este sector privado apenas está creando empleo. De ahí que destruir empleo público quiere decir destruir empleo en su conjunto, disminuyendo la demanda.

El estado no necesita a los mercados financieros. En realidad son los mercados financieros los que necesitan a los estados y a su deuda pública.

Existe otra falacia que se reproduce en los medios de difusión, de que hay que bajar el déficit porque, en caso contrario, los mercados financieros no prestarán dinero al Estado, al no fiarse de que los estados puedan devolverles el dinero. Pero el Estado puede conseguir dinero a partir de otras medidas. Una de ellas aumentando los impuestos. Si el estado español, en lugar de ingresar una cantidad equivalente al 34% del PIB, ingresara el 52% (como Suecia), el estado español (central, autonómico y municipal) obtendría 200.000 millones de euros más de los que consigue, cantidad más que suficiente para cubrir los déficits del estado (y los enormes déficits de gasto público social de España).

Otra medida de evitar el endeudamiento privado es que el Estado imprima dinero. España ya no puede hacerlo. Es lo que hacen los bancos centrales, como el Federal Reserve Board de EEUU. Pero, resultado del enorme poder de la banca en la Eurozona, el Banco Central Europeo sólo puede imprimir y prestar dinero a la banca privada, no a los estados, algo que es escandaloso y que justificaría una rebelión (incluso a base de masiva desobediencia civil) en contra del excesivo poder de la banca sobre la UE y sobre los estados.

La falsedad de que vivimos por encima de nuestras posibilidades

Otro dogma impermeable a los datos es el de que vivimos por encima de nuestras posibilidades. La repetición de esta falsedad es masiva, cuando es muy fácil ver que tal aseveración no es sostenible. España se gasta mucho menos en su estado del bienestar de lo que nos corresponde por el nivel de desarrollo económico que tenemos. El PIB per cápita en España es ya el 94% del PIB per cápita promedio de la UE-15. En cambio, el gasto público social per cápita es sólo el 74% del gasto público social per cápita promedio de la UE-15. Si en lugar del 74% fuera el 94%, tendríamos 66.000 millones de euros más de lo que nos gastamos. El dinero, pues, existe. Lo que ocurre es que el Estado (sea central, autonómico o municipal) no lo recoge. Tal como indiqué en un párrafo anterior, los ingresos al estado español representan una cantidad equivalente al 34% del PIB, el porcentaje más bajo de la UE-15 (cuyo promedio es 44%). Y si miramos quién no paga impuestos, se puede ver por qué el Estado no los recoge. La mayoría de la población que está en nómina paga impuestos a nivel europeo. El trabajador de la manufactura, por ejemplo, paga el 74% de los impuestos que paga su homólogo en Suecia. El 1% de renta superior de España, sin embargo, paga sólo el 20% de lo que paga su homólogo en Suecia. Y ahí está la razón de que el Estado no lo recoja. Las fuerzas conservadoras y neoliberales han tenido una enorme influencia sobre el Estado. Y éste no se atreve a enfrentarse ni a los ricos ni a los poderes fácticos del país, sea la banca, sea la gran patronal. Esta cobardía explica también que a pesar de la enorme transferencia de fondos públicos a la banca (ver mi artículo “Los ricos y la deuda pública” Público 02.06.11) la banca no concede créditos a los pequeños empresarios y a los ciudadanos, retrasando la recuperación económica.

La supuesta rigidez del mercado de trabajo como causa del desempleo

Otro dogma neoliberal es que el elevado desempleo en España se debe al excesivo poder de los sindicatos y excesiva protección de los trabajadores que tienen contratos fijos (los llamados insiders), haciendo imposible para los desempleados (a los que se les llama outsiders) conseguir trabajo. Lo que hay que hacer –según los neoliberales- es eliminar los contratos fijos y que el empresario pueda despedir más fácilmente. Se enfatiza, pues, que para crear empleo hay que facilitar que al trabajador se le pueda despedir más fácilmente. La paradoja neoliberal es que la mejor manera de crear empleo es facilitar la destrucción de empleo.

Pero tal teoría ignora elementos esenciales, confundiendo varios hechos. Uno es que la tasa de desempleo es distinta a la tasa de crecimiento de desempleo. Un país como España tiene un elevado desempleo porque no hay suficiente creación de empleo: es decir, no hay suficientes puestos de trabajo. Éste ha sido tradicionalmente el caso español y responde en gran parte al escaso desarrollo de su sector público y, muy en especial, de su estado del bienestar. Si España tuviera, por ejemplo, el porcentaje de la población adulta que tiene Suecia trabajando en los servicios públicos del estado del bienestar, España tendría cinco millones más de puestos de trabajo de los que tiene ahora (una cifra, por cierto, mayor que el número de desempleados en España). En otras palabras, si el estado del bienestar nuestro fuera como el sueco, no habría desempleo en España. Y ello podría pagarse con los 200.000 millones de euros que tendríamos de más si las políticas fiscales fueran como las de Suecia.

La otra tasa, distinta a la tasa de desempleo, es la del crecimiento del desempleo. Y ahí, tal crecimiento en España (de 9 puntos del 2007 al 2009) no tiene nada que ver (repito, nada que ver) con el grado de regulación del mercado ni con el supuestamente excesivo poder de los sindicatos. Los países que, junto con España, han visto crecer más su desempleo, son EEUU e Irlanda (7.2 y 4.7 puntos, respectivamente) que tienen unos mercados de trabajo completamente desregulados. En realidad, Alemania es uno de los países con mercados de trabajo más regulados y con sindicatos más fuertes y su desempleo no sólo no ha aumentado, sino que ha descendido (-1.2 puntos) durante el periodo de crisis (y ello a pesar de haber visto descender espectacularmente su PIB como consecuencia de la recesión mundial que ha afectado mucho a una economía basada en exportaciones). Y el hecho de que no haya aumentado el desempleo se debe a la cogestión de las empresas (con los trabajadores y sindicatos ocupando parte de los consejos de dirección de las empresas), pactando una reducción del tiempo de trabajo en las empresas en lugar de una reducción de los trabajadores.

Los indignados llevan razón

El pensamiento neoliberal es la ideología de la banca, de la gran patronal y de las rentas superiores. Se presenta como conocimiento científico y se promociona a través de instituciones (tales como Fedea y los gabinetes de estudios de los grandes bancos y cajas de ahorro) patrocinadas por estos poderes fácticos o a través de instituciones públicas como el gabinete de estudios del Banco de España (que actúa más como un lobby de la banca que como lo que debiera ser: una institución pública que regula la banca). Tal ideología se reproduce también en gran parte de los departamentos de economía de las universidades, cuyos miembros consideran su máxima realización académica la publicación de artículos en revistas, financiadas por la banca y/o próximas a ella. Ni que decir que hay muchas y notables excepciones. Pero hoy, la mayoría de la cultura económica académica en España es de orientación neoliberal.

El monopolio que tal ideología tiene en los medios académicos y no académicos diluye el rigor que cualquier debate académico debiera tener. Su promoción tiene poco que ver con la fortaleza científica de sus argumentos (que es muy escasa), sino con el control de las cajas de resonancia e instrumentos de difusión al servicio de los grupos con mayor poder económico y financiero del país. Como bien dijo el economista John Kenneth Galbraith hace ya cincuenta años en EEUU, “la misión de los departamentos de economía de las universidades de EEUU parece ser la de reforzar el dominio de la clase dominante”. Lo mismo podría decirse ahora de España, donde incluso se llega a negar la existencia de tal dominio.

Y el establishment político está totalmente absorbido en esta ideología, una ideología, por cierto, altamente rentable a nivel personal, pues la gran mayoría de los diseñadores de las políticas económicas (Ministros de Economía y Finanzas, Secretarios y Directores Generales, asesores económicos en la Moncloa), independientemente de su coloración política, proceden y/o terminan trabajando para los grupos de poder, promotores del neoliberalismo. Este maridaje del poder financiero y del poder económico con el poder político viola la propia esencia de la democracia, pues supone la captura del Estado por tales grupos de poder. De ahí que haya que agradecer que los indignados se movilicen y agiten para denunciar las enormes insuficiencias de la democracia española, ejerciendo presión para que cambie y mejore. La situación actual, con los enormes costes en sufrimiento que genera, es auténticamente indignante. El movimiento 15-M tiene razón.

«Es un error unir autonomías y ley de dependencia»

«Es un error unir autonomías y ley de dependencia»
21.06.11 - 02:43 -
Demetrio Casado (Segovia, 1934) lleva más de 50 años dedicado al estudio y aplicación de ayudas a la discapacidad y la dependencia, que ahora ejerce en la Fundación FOESSA. Su ponencia de ayer en el máster en Políticas Sociales en La Ferrería fue una toma de pulso a la realidad actual de este tema.
-¿Cómo valora el estado actual de los servicios sociales en España?
-Estamos en un momento de crisis por crecimiento y de desarrollo de estas políticas. El detonante que ha forzado este crecimiento no es otro que la aprobación en 2006 de la ley de autonomía y dependencia. El hecho de que se haya encomendado su dispensación a las autonomías es su principal carencia.
-¿Hablamos entonces de un error en la transferencia de competencias?
-Sin duda, ya que ha cogido a muchas administraciones con el pie cambiado, fue un ’encargo’ que se enfrenta a las dificultades de financiación y a un desigual reparto en las distintas comunidades.
-En la calle, de hecho, esa es la gran queja que se deja oír, que la ley no da para todos.
-Es que los servicios sociales han crecido en demanda, y en una sociedad envejecida como la española, es lógico que haya sido así, por el aumento de edad de la población, principalmente. Además, otras coberturas como marginación social o discapacidad no dependiente se han quedado perjudicadas por ese trasvase de fondos que la ley no cubre en la misma medida.
Otras discapacidades
-¿Podemos hablar de España como un país con accesibilidad para discapacitados físicos?
-Estamos en el camino. Sí que es verdad que muchas ciudades ya tienen bordillos adaptados en casi todas las calles, y que muchas casas cuentan con rampas de acceso. Pero no es así en las ciudades con muchos edificios históricos. Incluso hay viviendas de protección oficial de cuatro pisos construidas en los 70, bajo el prisma de la época, que no tienen siquiera ascensores.
-Algo muy normal en Asturias.
-Sí, y aquí hay casas en cuya escalera no hay sitio para la caja del elevador, con los problemas consiguientes en la comunidad de vecinos. Además, al haber crecido la esperanza de vida, ahora es normal encontrarnos con el aumento de ancianos ’presos’ de sus domicilios. 
-¿Qué hay sobre las discapacidades de orden intelectual?
-Nos encontramos en una tesitura parecida, que ahora estas personas viven más años. Ya es habitual que sobrevivan a sus padres, cosa rara hace pocas décadas, y también que superen la juventud para adentrarse en edades medianas. Pero el problema radica en que los padres necesitan echarles una mano, o las dos, de modo continuo. Al hacerse mayores también, precisan de ayuda diaria todos ellos.
-¿Qué papel juegan las oenegés destinadas a estas labores?
-En los últimos años ha crecido exponencialmente el número de voluntarios en fundaciones y entidades, y eso está muy bien. El problema viene que el éxito de estos empeños -el citado aumento de esperanza de vida de los usuarios- nos enfrenta al mismo problema de antes: no hay ayudas para todos.
-¿Cree que los geriátricos españoles tienen carencias serias para tantos usuarios?
-Está claro que los poderes públicos no supieron prever la alta cifra de personas que iban a precisar una plaza. Y las residencias privadas suelen caer en el error de llenarse de inmediato, quizá por razones económicas, y eso genera problemas.

¡Rompemos la baraja: La sanidad pública es intocable!

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nuevatribuna.es | Pedro Luis Angosto | Actualizado 12 Junio 2011 - 18:32 h.

Es igual que sean nacionalistas franquistas como los que han ganado las últimas elecciones, igual que sean tecnócratas de última hornada, ejecutivos agresivos, demócratas de Cortefiel, nacionalistas catalanes o vascos, independentistas canarios, socialdemócratas vergonzantes, comunistas arrepentidos, enemigos de la tauromaquia o encarnizados forofos de la misma, partidarios del furbó tiquitaca o del catenaccio, indiferente si gustan del all-i-pebre o de la corvina a la roteña, si prefieren el mar o la montaña o si les apetece más por delante que por detrás: La Sanidad Pública es intocable (LEER MÁS)

Los ricos y la deuda pública

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nuevatribuna.es | Vicenç Navarro | Actualizado 03 Junio 2011 - 13:01 h.

Los ricos son muy pocos en cualquier país, pero tienen un enorme poder.

Y un indicador de este poder es lo que está pasando con la deuda pública tanto en EEUU como en la Unión Europea, incluyendo España. Su influencia sobre el Estado de tales países implica que sus impuestos han ido descendiendo durante los últimos 30 años (en España durante los últimos 15) de una manera muy notable, haciéndose cada vez más ricos. Esta gran reducción de ingresos a los estados ha significado que estos han tenido que endeudarse, pidiendo préstamos a los bancos donde los ricos depositan e invierten su dinero. O sea que los ricos, en lugar de pagar al Estado (en impuestos), le prestan el dinero que han ahorrado al evitar pagar impuestos al Estado, el cual les tiene que pagar unos intereses. El sistema es perfecto para los ricos (y para los bancos donde los ricos depositan su dinero), transfiriendo así una gran cantidad de fondos del sector público a los ricos y a sus bancos.(leer más)

Otra forma de hacer política es posible

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El movimiento «Democracia Real Ya»

Foto: Otra forma de hacer política es posible 

JUAN PASTOR PROFESOR DE PSICOLOGÍA POLÍTICA Y DEL COMPORTAMIENTO COLECTIVO El movimiento «15M/ Democracia Real Ya» es una re-vuelta que busca dar la vuelta a las cosas, proponiendo que el medio es el fin, justo lo contrario de lo que nos impone el capitalismo instrumental. En efecto, en política el fin nunca puede justificar los medios, sino que, al contrario, son los medios (rechazo de la violencia, respeto al otro, diálogo, voluntad de llegar a acuerdos, transparencia, honestidad, responsabilidad?) los que justifican cualquier fin. En política no todo vale, por eso lo que nos propone este movimiento social es una nueva forma de hacer política, una nueva manera de organizar las cosas. En realidad nada nueva, pues lo que se reivindica es una vieja forma política: la democracia (el arte de organizar entre todos lo que es de todos). Dicen que es un movimiento que no ofrece propuestas alternativas? ¡pero si lo que se está haciendo en las diversas plazas españolas es, precisamente, una forma alternativa de elaborar propuestas y hacer política! El medio es el fin, luego los diversos campamentos son ya la alternativa: estructura horizontal y reticular, autoorganización democrática, funcionamiento asambleario, solidaridad y cooperación? Sol o la Escandalera son ejemplos prácticos de democracia real. Recordemos que la democracia ateniense era una asamblea de individuos libres y autónomos que se reunían en la plaza (ágora) para organizarse a sí mismos; una asamblea en la que todos los ciudadanos tenían los mismos derechos: el derecho a hablar sin ser interrumpido, el derecho a ser escuchado, el derecho a participar tanto en la definición de los problemas de la polis como en las soluciones a éstos?

 

La diversidad y heterogeneidad de los «indignados» es evidente, pero reconozco que me han sorprendido gratamente los más jóvenes: una generación que ha crecido encerrada en sus habitaciones, entre ordenadores, decide salir a la calle, tomar las plazas y convertirlas en ágoras, diciendo no a esta forma de organizarnos y hacer política y, sobre todo, diciendo no al conformismo y a la resignación; una generación de rebeldes con causa que tienen bastante claro lo que quieren (ser escuchados; democracia participativa; control ciudadano de poderes y mercados; arquitectura económica al servicio de las personas; mantenimiento de las conquistas sociales?) y muy claro lo que no quieren (explotación, especulación; corrupción; dominio de la política por corporaciones transnacionales, lobbies y poderes financieros?). No sé si cambiarán el mundo, pero estoy convencido de que estos días cambiarán sus vidas. Y no olvidemos que el mundo es como es porque nosotros somos como somos, luego cambiarnos a nosotros mismos ya es una manera de cambiar el mundo. Hacían falta caras nuevas para problemas tan viejos, y es de esperar que muchos jóvenes, sin experiencia pero con ilusión, tomen el relevo de viejos luchadores de los movimientos sociales, con más experiencia ya que ilusión. En todo caso, ha sido emocionante comprobar que no sólo el fútbol y la fiesta (el Barça y el «botellón») son capaces de sacar a los jóvenes a la calle (jóvenes muchísimo más cívicos, por cierto, que borrachos y hooligans).

 

Para que otro mundo sea posible, otra forma de hacer política es imprescindible. Gracias, chicos, a muchos se nos había olvidado.