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El día y el día después del Hospital de Arriondas…

 

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Primer objetivo: abrir el hospital

Areces promete el «máximo esfuerzo» para restablecer la atención «cuanto antes»

Toda la plantilla del centro de Arriondas trabaja contrarreloj para reanudar el servicio a la población

18.06.10 - ANA MORIYÓN | ARRIONDAS, en El Comercio

Con el barro hasta los tobillos y sin distinciones entre los diferentes estamentos sanitarios, la plantilla del hospital de Arriondas ponía ayer su mejor cara al mal tiempo. Ataviados con su bata blanca reglamentaria pero esta vez combinada con katiuskas, los médicos, enfermeros, auxiliares y demás personal del centro se afanaban en los trabajos de retirada de escombros y limpieza de la planta baja del centro. Aún no se sabe cuándo volverá a entrar en funcionamiento. «Vamos a volcarnos para que el servicio de Salud sea lo primero en restablecerse para atender a la población. Haremos el máximo esfuerzo para que sea cuanto antes», se comprometió ayer el presidente del Principado. No obstante, Vicente Álvarez Areces reconocía que «los hospitales hoy están muy informatizados y va a tardar en restablecerse la plena normalidad».

La riada que asoló Arriondas el pasado miércoles y que se cebó especialmente con el hospital Grande Covián, donde todavía ayer se podía ver la marca del agua a unos 80 centímetros de altura en la planta baja, puso en grave peligro el material sanitario y de farmacia, así como el corazón informático del centro y los historiales de todos los usuarios del hospital. Por suerte, los daños, aunque cuantiosos y todavía incalculables, no serán irreparables: «Se ha salvado el sistema informático y los historiales clínicos», confirmaba ayer el gerente del centro, Íñigo de Diego, equipado con pantalones y botas de montaña y arrimando el hombro como uno más. Ayer, todos eran operarios de limpieza.

El hecho de que la riada tuviera lugar a primera hora de la mañana, cuando se encontraban en el centro el personal del turno de noche y el de la mañana, aminoró los daños. «Si esto ocurre de noche, cuando en la planta baja no hay gente trabajando y en el hospital hay mucho menos personal, los daños hubieran sido tremendos», afirman. Sin experiencia en estos lares -«porque esto no se lo enseñan a uno en la facultad», ironizaba el doctor Víctor Folgueres- los trabajadores supieron responder a tiempo en medio del caos, que fue controlado de forma rápida y efectiva, y en el que todos dieron lo mejor de sí. «Todo ocurrió muy rápido. Cuando empezó a desbordarse el río se pidió por megafonía que todo el personal que estuviera disponible bajara a la planta baja para ayudar a evacuar a los pacientes de hemodiálisis y a sacar los historiales. Al cabo de veinte minutos, ya había 80 centímetros de agua mezclada con lodo y troncos por los pasillos del centro», recuerda el doctor Troitiño, traumatólogo.

Para entonces ya se había dado la orden de desalojar a los sesenta pacientes que permanecían ingresados en el equipamiento médico aunque, reconocen, en aquel momento nadie pensaba que las consecuencias iban a ser de este calibre. «Se ordenó evacuar a los pacientes en previsión, porque el hospital se había quedado sin suministro de luz y la cocina estaba totalmente inundada. No había comida, y se entendió que era lo mejor. Pero nadie pensó que la inundación iba a alcanzar estas magnitudes».

Ver cómo los enfermos abandonaban en lanchas el hospital, rodeado de agua y lodo, impactó a más de un trabajador que no puede quitarse aquella imagen de la retina, aunque en aquel momento no había tiempo para miramientos. El agua estaba empezando a filtrarse entre las baldosas del almacén y del archivo. De este modo, mientras los servicios de emergencia y la Guardia Civil evacuaban a los pacientes del centro, los trabajadores se «calaron hasta los huesos» para poder salvar los expedientes médicos y el sistema operativo en el que se guarda todo tipo de documentación clínica haciendo una cadena humana que, ayer, aún muchos recordaban emocionados. «La plantilla respondió muy bien, todos a una y como una piña. Se formaron varias cadenas humanas y se sacó todo el material que estaba acumulado en las baldas más bajas y que era vital conservar», recuerda el cirujano Juan Ignacio Rodríguez.

Pérdidas económicas

Las mayores pérdidas económicas se centraron en el material sanitario ya que, en pocos minutos, el almacén del hospital comenzó a llenarse de agua. «Era impresionante. Primero vimos cómo el agua se filtraba entre las baldosas y, aunque tratamos de sacar el material más caro, en apenas unos minutos el almacén se convertía en una balsa de agua en la que las gasas, vendas y material de quirófano flotaba entre las estanterías y los palés, que se desplomaban por momentos», describe aún aturdido el encargado del almacén, José Ramón Iglesias, que lleva trabajando en el centro doce años. «Nunca había visto nada parecido».

En una sala contigua trataban ayer de recuperar la normalidad los informáticos del hospital que celebraban que las pérdidas hayan sido únicamente materiales y que, pese a la catástrofe, no se haya perdido ninguna documentación sobre los historiales clínicos de los pacientes. «Eso hubiera sido una desgracia. Pusimos en marcha un plan de emergencia y, en pocos minutos, desinstalamos el centro de proceso de datos para ponerlo a salvo. Sacamos en brazos todos los servicios y hoy (por ayer) ya los hemos vuelto a hacer funcionar en la planta de arriba», celebra Ricardo García. «Fue impresionante la riada, pero mucho más ver a todo el mundo arrimando el hombre para salvar este hospital por el que los trabajadores tanto hemos luchamos», sostiene.

Tras la tensión vivida en la jornada del miércoles, la plantilla del hospital volvía ayer al centro respetando sus turnos y horarios de trabajo habituales. No había pacientes que atender porque el hospital continúa fuera de servicio, pero sí mucho trabajo por delante.

Cuadrillas de trabajadores se distribuían las labores para sacar de la primera planta todos los escombros y material estropeado (a mediodía ya se habían retirado cuatro camiones contenedores) y trasladar a otros lugares aquel mobiliario que todavía pueda ser reutilizado. Eso sí, sin la presión del primer momento, también hubo tiempo para las bromas. «Hoy dejamos el bisturí, pero mira qué bien nos vienen las botas de agua que utilizamos para las artroscopias», comentaba José Méndez, traumatólogo y miembro del comité de empresa, quien reconoce, curtido en «batallas sindicales, que contra la naturaleza no se puede pelear».

El hospital ya dispone de luz y agua no potable y, aunque la intención inicial es poner en marcha el hospital cuanto antes, la Consejería de Salud informaba ayer de que tras la inundación del centro y hasta que este equipamiento esté en condiciones para reabrirse al público, se concentrará el servicio de Urgencias en los centros de salud de Llanes, Cangas de Onís y Arriondas, a partir de las 15 horas y durante las 24 horas. El último, también muy afectado por el temporal, entrará en servicio hoy mismo.

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