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«Ni un paso atrás», replican al Principado casi un millar de médicos en la calle

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Los facultativos se manifiestan en Oviedo contra la nueva jornada laboral - Piden la dimisión del Consejero y le advierten de que «no nos doblegará»
      
 
 
Oviedo, Pablo ÁLVAREZ

Si la manifestación de médicos que en la tarde de ayer recorrió la calle Uría de Oviedo tuviera que ser resumida en pocos elementos, podrían elegirse los siguientes. Un mensaje al Gobierno regional: «¡Ni un paso atrás!». Otro al titular de Sanidad, Faustino Blanco: «¡Consejero, dimisión!». Y una declaración de principios que parece corroborar que, a estas alturas, el conflicto sanitario ya no consiste tanto en discrepancias sobre unas horas de trabajo más o menos como en una cuestión mucho más de fondo: «Lo que pretende la Administración no es otra cosa que doblegar a los médicos». Con una apostilla: «No lo vamos a consentir».

El Sindicato Médico de Asturias (SIMPA) se apuntó ayer un tanto digno de consideración al sacar a la calle a casi un millar de facultativos de la sanidad pública -la plantilla total se acerca a los 4.000, incluyendo residentes- en una tarde de diciembre que más bien invitaba a permanecer cerca de alguna fuente de calor. «Un éxito», a juicio de los dirigentes de la organización médica, quienes mañana mismo, animados por el respaldo obtenido, podrían convocar una nueva tanda de paros para enero, aunque los de diciembre no terminarán hasta este viernes. La huelga, de carácter intermitente, permanece activa desde el pasado 8 de octubre y ha generado un relevante aumento de las listas de espera.

¿Motivo de la manifestación? El mismo que desde el pasado mes de agosto tiene en pie de guerra a los facultativos de la región: la nueva regulación de la jornada laboral en el sector sanitario regional, que para buena parte de los médicos significa trabajar más horas -un aumento superior al que se derivaría de aplicar sin más aditamentos la norma estatal impulsada por el Gobierno de Rajoy- y perder salario. «Para que luego desde la Consejería digan que la movilización se limita a la cúpula del SIMPA», proclamaban con satisfacción algunos responsables del sindicato al observar el volumen de facultativos que les seguía.

Los manifestantes partieron de la estación de Renfe y desembocaron en la plaza del Carbayón, sede del Servicio de Salud del Principado (Sespa). Allí los esperaba, para sorpresa de muchos, un «catering» de dimensiones nada desdeñables. Los dirigentes del sindicato quisieron dejar claro que el refrigerio no tenía nada que ver con ellos, sino que había sido sufragado por una médica deseosa de agasajar a sus colegas. «¿No será una delicadeza del consejero de Sanidad, verdad?», se preguntaba irónicamente un jefe de servicio del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

La Policía Local calculó el número de participantes en el entorno de los mil, una estimación probablemente bastante atinada, que incluso pudo quedarse un poquito corta. Entre tanto, el SIMPA hablaba de «más de dos mil médicos»: excesivo optimismo. Proliferaban las batas blancas. Ciertamente, había varias decenas de manifestantes que no son médicos, lo cual era evidente a simple vista porque se trataba de niños. Algunos de ellos portaban carteles alusivos al aumento de horario con mensajes del tipo: «Quiero seguir viendo a mi mamá». Había también acompañantes de otras edades (por ejemplo, familias enteras).

Pero el grueso eran facultativos: médicos de hospitales y también de centros de salud; residentes y seniors; jefes de servicio y de sección; médicos que, a su vez, son profesores universitarios; médicos que desempeñaron cargos de responsabilidad en etapas anteriores, incluso con gobiernos de signo socialista. Entre los portadores de la pancarta que abría la marcha figuraba la presidenta del Colegio de Médicos de Asturias, Carmen Rodríguez, quien en los discursos finales reivindicó «la dignidad no sólo de los médicos, sino también de los pacientes».

Los médicos residentes -abundantes- portaban su propia pancarta. El Sespa insiste en que la nueva regulación horaria no modifica sus condiciones laborales y salariales, pero parece evidente que su actitud beligerante no obedece tanto a una cuestión de condiciones del presente -viven una etapa esencialmente transitoria-como a una perspectiva de futuro que ven seriamente comprometida a causa de los recortes presupuestarios.

«Nunca antes habían salido tantos médicos a la calle en Asturias», celebraban con alborozo -más o menos contenido- algunos directivos del SIMPA. Ya ante la sede del Sespa, tomó el megáfono el secretario general, Antonio Matador: «Los médicos queremos decirle a la población de Asturias que esta huelga no es por dinero. Es por dignidad, por nuestra dignidad. Los médicos de Asturias no queremos ni más ni menos que los del resto de España. Si ahora aceptamos esto, ¿qué será lo próximo?», se preguntó, mientras flotaban en el imaginario colectivo de sus colegas nuevas medidas de ajuste que -con más o menos fundamento- están barruntando, caso de un recorte muy relevante en la estructura de las guardias médicas.

Con temores de esta naturaleza como telón de fondo, Matador concluyó su alocución con un «Ni un paso atrás» que fue muy aplaudido y coreado por los presentes.

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